Relajado, con la tez morena propia de permanecer largo tiempo al aire libre, alto, con aspecto y voz de galán maduro cinematográfico y dueño de una amena y enjundiosa conversación, Tomás Prieto de la Cal expresa sus ideas de la ganadería brava que son las propias de un ganadero romántico, como aquellos que relataba Luis Fernández Salcedo. Propietario de una ganadería de un encaste único y que fue tan importante a finales del siglo XIX hasta principios del XX, cuando acechado por los nuevos gustos de la corrida de toros y por su propio desinterés en la ganadería brava el XVI Duque de Veragua se deshizo de la ganadería en 1928 que llegaría a manos de Juan Pedro Domecq Núñez de Villavicencio, quien haría desaparecer dicha sangre en su ganadería. Prieto de la Cal mantiene incólume el encaste de Veragua en su morfología y comportamiento, sin cruzar, al igual que hicieran los sucesivos Duques de Veragua ganaderos. Tomás Prieto de la Cal en la Tertulia de Jordán Ganadero desde niño, por e...