jueves, 25 de septiembre de 2014

PASEOS POR EL MADRID TAURINO. LA CALLE DE ALCALA. LINEA MAGICA DEL TOREO (I)

Una línea mágica, recta casi perfecta, resume la historia de los toros en Madrid, que es la historia misma de la fiesta. El desarrollo de la cañada, que será después carretera y ahora calle de Alcalá, ha ido acompañando la evolución de la fiesta de los toros desde las fiestas reales realizadas con gran pompa en la Plaza Mayor hasta las corridas de esta temporada en Las Ventas. Incluso de creer a Goya y a Leandro Fernández de Moratín, en la vega del Manzanares y en la misma explanada donde ahora está la Plaza de Oriente los musulmanes que dieron origen a Madrid, convirtiéndola en plaza fuerte del Califato, se complacían en alancear toros.

tauromaquia de goya
Tauromaquia de Goya
Moros capeando toros

Como es bien sabido el crecimiento de Madrid se produce en círculos cada vez mayores pero que mantienen un lado fijo que no es otro que la línea del Manzanares o por mejor decir de los acantilados, si la palabra no parece excesiva, que se yerguen sobre la ribera izquierda del vilipendiado río. Sobre la cima del más enriscado se aprovechó para construir el castillo con su primitiva muralla árabe y sobre el mismo espacio se edificaron el posterior Alcázar de los Austrias y el actual Palacio Real de los Borbones.

El Alcázar de Madrid en 1562
Abajo el Manzanares

Manteniendo este punto fijo, Madrid va creciendo hacia el este y construye su Plaza Mayor junto a la primitiva Puerta de Guadalajara, camino de Alcalá. Aquí se suceden las fiestas reales que la Condesa d’Aulnoy relata en el siglo XVII de una manera florida y pintoresca, fijándolas en la imaginación europea colectiva como la seña de identidad española, como aquello que todo buen viajero debe conocer.

 Marie-Catherine le Jumelle de Barnville, Baronesa d'Aulnoy
conocida como Condesa d'Aulnoy

La Plaza Mayor, lugar de fiestas y mercados, cadalso abierto al público, centro de una ciudad en permanente y desordenado crecimiento, no puede acoger la costumbre cada vez más extendida de celebrar con una fiesta de toros cualquier acontecimiento local, político o religioso.

Auto de fe en la Plaza Mayor en 1680
Francisco Rizi
Museo del Prado

En Madrid se celebran corridas de toros en todas las plazas públicas, con el pretexto de conseguir fondos para la asistencia pública a los necesitados o para levantar una iglesia a un santo que ha procedido a hacer un milagro, con el que adornan los madrileños de la época su esperanza en una vida mejor de la que llevan.


Corrida en la Plaza Mayor

La multiplicación de fiestas produce una pequeña industria, los toros vendidos para corridas están mucho mejor pagados que los explotados para labor y carne, los toreros más imaginativos y valientes actúan más veces que los demás, las corridas de toros se revelan como una fuente de ingresos sustanciosa para sufragar los gastos de hospitales, que el erario público dedicado a financiar guerras y funcionarios no puede ni plantearse.

Cartel de toros de la efímera plaza del Soto Luzón
Estaba situado junto al río en el actual final de la calle Embajadores
Madrid 1737

Esta conjunción entre la necesidad de ingresos para la beneficencia y el negocio que supone para toreros y ganaderos, unido al aumento de madrileños con tiempo y dinero para gastar, ayuda a la consolidación de las corridas de toros como espectáculo para el cual ya no bastan las plazas públicas y para el que hay que construir un recinto propio. 
La modesta línea que iba de la Plaza de Oriente a la Puerta de Guadalajara se amplía hasta unos terrenos próximos a la Puerta de Alcalá, frente al Retiro, extramuros de la ciudad a mediados del siglo XVIII, donde en 1754 se inaugura la plaza de toros que Fernando VI donará a la Junta de Hospitales de la capital.

La plaza de toros, extramuros de la Puerta de Alcalá

Esta plaza de tosca fábrica de mampostería revestida, junto al camino de Alcalá, va a permitir separar las corridas de toros de los espectáculos cortesanos, va a independizar las corridas de toros de las fiestas reales.


Vista de la Puerta de Alcalá y parte de la plaza de toros de Madrid
Tomada de Paloma Torrijos 

Aquí la fiesta recorrerá todo el arco de espectáculos con toros, desde las mojigangas, especie de toreo bufo con profusión de actores y decorados, hasta las peleas de los toros con diferentes animales que el organizador de turno encontraba, quién sabe donde, como leones, tigres y hasta elefantes. Pero todos ellos fueron barridos por la corrida de toros, por la fiesta que Pedro Romero y Pepe-Hillo depurarán de los juegos y quiebros populares y que Paquiro organizará como un espectáculo singular, urbano y bello.

Francisco Montes
Francisco Montes "Paquiro", antes de una corrida. La despedida del torero
Angel Mª Cortellini
Museo Carmen Thyssen, Málaga

Aparecerán los primeros periódicos taurinos, los primeros aficionados y las primeras compilaciones de conocimientos e historia de la fiesta. También aparecerá el primer aficionado integrista, el ilustre José Sánchez de Neira autor de El Toreo Gran Diccionario Tauromáquico, quién proclamará “desde que se retiró Paquiro, no se ha vuelto a ver lidiar toros con la edad, el peso y  la fuerza que tenían cuando él toreaba” inaugurando así una gran tradición de nostálgicos que harán furor entre la saga de aficionados integristas que se prolonga a través de toda la historia de los toros.
(Cont.)

Notas. Sobre las primeras plazas de toros en Madrid ver el excelente artículo de Rafael Cabrera Bonet
 http://recortesygalleos.blogspot.com.es/2012/11/5-de-noviembre-de-1754-fernando-vi-cede.html

viernes, 19 de septiembre de 2014

DILES QUE NO ME OLVIDEN. TRAS LAS HUELLAS DE JOSE MATA 2.1

2. LA CARRERA TAURINNA
2.1 Torero por encima de todo
La historia del toreo la forman los grandes maestros, aquellos que han marcado por su capacidad, su valor o su inspiración, los grandes hitos que han permitido lograr el favor del público y la pervivencia de un espectáculo siempre controvertido. Los toreros que figuran en el imaginario colectivo, héroes populares que han sido cantados, recordados, reverenciados por el público y los aficionados. Lagartijo y Frascuelo, Guerrita, Joselito y Belmonte, Manolete, El Cordobés, Paco Camino y El Viti, Antoñete, César Rincón, Enrique Ponce y José Tomás. Estos grandes nombres son la imagen visible, la huella gloriosa, la espuma de un espectáculo complejo, de aprendizaje difícil, duro con sus participantes y muchas veces cruento hasta la muerte, que abre las puertas de la gloria a algunos y deja fuera a muchos otros.
Cogida de Juan Belmonte. 
Pero esta no es toda la historia, hay muchas más historias. Algunas como las que recogen las tragedias se escriben con letra gruesa. Otras se escriben con letra chica, en algunos casos casi imperceptible, como aquellas que recogen los anhelos de tantos que no llegaron por problemas vitales o simplemente por no tener condiciones adecuadas para torear, también de aquellos que su ilusión se vio cortada por una sucesión de mala suerte o de cogidas inoportunas, que en algunos casos han dejado secuelas de incapacidad física o incluso la muerte,



José Mata
Tomada de Garafía
Hay toreros que son encumbrados fugazmente por la novedad, por la casualidad de una buena tarde, por una buena administración, porque se vislumbra en ellos buenas maneras o poseen un valor desbordante. Pasado un momento de euforia, forman un pelotón de descartes que van rellenando huecos cada vez más escasos, entrando en una vía muerta de la que difícilmente se sale y muchos de ellos van a nutrir las filas de los banderilleros, desde donde pueden seguir viviendo su afición y encuentran un medio de vida.
Portada de Historia del toreo de Néstor Luján
Otros no llegan a ver su momento de gloria y se retiran o pasan directamente a subalternos o a diversos oficios relacionados con el mundo del toro. Algunos de entre ellos resisten confiados en su capacidad e insisten concienzudamente llamando a las puertas de las empresas que acaban dándoles supuestas oportunidades que acaban por hundirlos.
Todas estas historias son también historia del toreo.


Cartel de José Mata en Madrid
Cortesía de Juan Carlos Olalla
Mata tiene una carrera plagada de altibajos, con épocas de mayor relieve y otras de práctica desaparición de los carteles. Luchó por su condición de torero en condiciones desfavorables, fuera de los grandes circuitos taurinos, sin apoderado salvo alguno ocasional, apoyado por los amigos fieles y su círculo cercano, con una gran confianza en sus posibilidades y ejerciendo diversas actividades que le permitieron vivir y mantener su afición.                                 
En su círculo cercano Mata hablará de su amigo Antonio Hermosilla. También de Antoñete Iglesias quien fuera novillero antes de la guerra civil y posteriormente banderillero con toreros de postín como Antonio Bienvenida o Julio Aparicio, y le ayudó en su carrera taurina, ejerciendo labores cercanas a las de apoderado, hasta la aparición de Gonzalo Sanjuan, como apoderado formal. 

Cartel de Antoñete Iglesias, novillero en 1935

Román Encinas, antiguo novillero con el nombre de El Niño de la Mercedes, le acompañó como banderillero desde sus tiempos de novillero y le llevó a torear a su pueblo, Nava de la Asunción en Segovia, donde repetiría varios años, llegando incluso a inaugurar la plaza nueva de construcción estable en un festival con Victoriano Valencia. Mata dejó muy buen recuerdo en el pueblo como una persona alegre y desprendida, además de buen y valiente torero.

Román Encinas junto a José Mata 
en el patio de cuadrillas de Madrid en 1962
Cortesía de Amador Marugán

Llegó a tener una peña taurina en su época de novillero. Jesús Ron animador del ambiente taurino en Guadalajara y actual presidente de la Peña Saleri II, sobre quien ha escrito una biografía, presentada en un libro en Las Ventas en la feria de 2014, fue su presidente y fundador en 1964, cuando Mata era aún novillero. La peña le ofreció, tras su fundación, una comida en el hotel Victoria a la que también asistió Antonio Bienvenida. Siempre inquieto, Mata participó en numerosas actividades sociales entre ellas, en una revista oral junto a destacados futbolistas y artistas que el mismo Jesús Ron realizaba en el colegio San Pablo.


José Mata con Jesús Ron
Cortesía de Jesús Ron

Entrañables, pero pocas ayudas en este mundo complejo de los toros. donde hay tantas cosas decididas antes de empezar, donde remar contra corriente por no estar en el grupo de los elegidos e intentar entrar en él, supone arriesgar en demasía.


Cartel de la Revista oral en la que aparece
José Mata junto a los futbolistas Evaristo y Ramiro

Pero Mata tenía confianza en sus cualidades. Quienes le conocieron hablan de un hombre simpático, expansivo, muy activo, enamorado de su profesión y entregado a su arte. En las fotos, Mata aparece con una amplia sonrisa, vital, animoso, confiado. Además de las fotos  se puede ver a José Mata en el cine, no en vano en la placa que le recuerda en Las Tricias dice “actor de cine y matador de toros”. Aunque primara su vocación torera participó en varias películas.



Su filmografía, según Muriel Feiner incluye las siguientes películas: Chantaje a un torero, Tarde de Toros, Sangre en el ruedo, El marinero con los puños de oro y Don Erre que Erre, Mata en una entrevista en El Ruedo añade El relicario, que dice acaba de terminar en septiembre de 1970


José Mata en su papel de "Calero" 
en Chantaje a un torero

Se puede ver extensamente a José Mata en la película Chantaje a un torero, en la que comparte protagonismo taurino con Manuel Benítez “El Cordobés”, protagonista e icono de la misma. Su personaje, “Calero”, destila ingenuidad, seguridad e ilusión, sin que las dificultades que le apartan de los mejores puestos le arrebaten la sonrisa. Tendemos a ver los personajes de las películas como autobiográficos sin que necesariamente lo sean, aunque en numerosas ocasiones se acercan ,y quizá para el “Calero” de la película, pusiera José Mata mucho de su auténtica personalidad.

martes, 16 de septiembre de 2014

EL CONTROVERTIDO PUBLICO VIII

El público lleva muchos años siendo mal orientado en materia taurina. Estamos recogiendo los frutos. De otro lado se da la alegre inconsciencia con la que se va a todas partes. Y a los toros más que a ninguna otra. El público ha decidido acudir a la plaza de juerga, un poco a lo Pamplona, con el enorme predominio de la diversión. No cuenta ni el hecho de que allí debe haber dos cosas muy serias: el arte y el constante acechar de la muerte. Pero se prefiere no llevar ninguna responsabilidad, ninguna apetencia de fondo, se siente un miedo fabuloso a poner en juego la capacidad sensitiva y razonante. Se ha perdido el temor a opinar ridículamente.

Público en la Plaza de Toros de la Malagueta, Málaga

Tomada de Photaki

Vicente Zabala. Conferencia en “Los de José y Juan” 29 de enero de 1965 en La entraña del toreo. Ediciones “Los de José y Juan”. Madrid 2010, pag 24

viernes, 12 de septiembre de 2014

EL APUNTE DE GUADALAJARA. FRASCUELO CONMUEVE Y EL PANA SORPRENDE

Frascuelo llegó a Guadalajara a dictar una lección de afición, como un viejo maestro que atesora sabiduría, gusto y ganas. Fue desgranando sus pases de bella preparación, impecable colocación y desigual remate. Exquisitas verónicas de recibo, ganando terreno al toro, de las cuales las del pitón izquierdo de su segundo toro excelentes. Ceñidos naturales de imposible ligazón, pues hace falta más fuerza de la que tiene Frascuelo, para confiar en el mando de la muleta en el remate del pase. 


Frascuelo

La guinda del trincherazo mandón y apretado parecía resumir su tauromaquia, cuando hubo más, un detalle, no sólo de gusto, no sólo de valor, sino de excelsa torería cuando se tiró a matar a su segundo toro con todo, con toda su fuerza, con todo su arrojo, con toda su decisión y con todo su pundonor.
La espada entró entera y el torero entregado no se dejó salida, quedando a merced del toro que le arrolló, le tiró al suelo y le buscó con la saña de saberse herido de muerte. Salió el torero con golpes, magulladuras, un raspón profundo en la frente y cierto desmadejamiento, pero con la satisfacción de haber cumplido con su designio de torero que se entrega a su arte.

Frascuelo tras matar y ser arrollado por Testigo

El Pana reventó la plaza en el último toro con sus sorprendentes formas que incluyeron una floreada larga que empieza a volar el capote cuando el toro está galopando a más de veinte metros del torero, continuó con unas heterodoxas verónicas bajando mucho el capote y por tanto castigando mucho al toro, para rematar con un tercio de banderillas en el que el primer quiebro en tablas fue de gran valor y precio, y los otros no desmerecieron. Tanto más sorprendentes los quiebros cuanto que El Pana parece contar con las fuerzas justas, más aún que Frascuelo, para salir de la cara del toro. El resto estuvo dominado por el peculiar histrionismo de El Pana, en el que en ocasiones parece traspasar esa línea fina en la que se mueve, entre la heterodoxia y el ridículo.

Una larga de El Pana

Antes había dejado tímidas señales de su capacidad de asombrar en sus dos primeros, en los que soltó alguna larga de remate de su cosecha propia. Las peñas que en sus toros anteriores reclamaban el INSERSO e incluso llegaron a marcar los primeros compases de “Había una vez un circo”, después del tercio de banderillas le gritaron a coro “Tu sí que vales”, sellando una actuación sorprendente. No hay angustia en el toreo de El Pana, a pesar de su falta de fuerzas, hay ligereza, inventiva y poca ortodoxia.

Gran quiebro por los adentros en tablas


La corrida, interesante para aficionados, que nos desplazamos en buen número desde Madrid, contó con toros de Juan Manuel Criado, procedencia Algarra-Domecq, nobles, flojos y bien presentados y fue muy castigada en el caballo, quizá para ahorrar problemas a sus matadores, con las fuerzas más justas que los toros, pero que a sus más de sesenta años vinieron a mostrar en Guadalajara: el uno la novedad y el otro la torería. Dos maneras de ser románticos del toreo.

Fotografías exclusivas de Andrew Moore
Publicado en http://www.opinionytoros.com/noticias.php?Id=48621 con fotos de Antolín Castro

jueves, 11 de septiembre de 2014

FRASCUELO Y EL PANA

Esta tarde en Guadalajara torean Frascuelo y El Pana. Antes de salir para verlos, recuerdo el apunte que escribí de Frascuelo el 9 de agosto de 2008 en El Escorial y el de la presentación de El Pana en Vistalegre el 2 de marzo del mismo año.

FRASCUELO, UN ROMANTICO IRREPETIBLE
Veinte veraneantes, diez aficionados y media docena de locos que habíamos subido en peregrinación a ver torear a Frascuelo después de su cogida en Las Ventas, no llegábamos a tapar el granito de los tendidos de la plaza de San Lorenzo de El Escorial. Pero allí estábamos el 9 de agosto, convocados por el halo de romanticismo de la fiesta de los toros, para ver a Frascuelo hacerle faena a un santacoloma de San Martín.
Tiene Frascuelo ese aire de torero romántico, sin llegar a ser un maldito. No está expulsado del paraíso de los grandes toreros, como aquellos que pudieron estar y se cayeron, bien por su falta de valor, bien por su abulia, bien por la mala suerte que les persiguió en algún momento.
Le veo, más bien, situado en la puerta de este paraíso imaginario, pero sin ansiedad, sin quejarse, con la satisfacción del que hace lo mejor que sabe, que ya es mucho. Le imagino con interés, con eterna curiosidad, con inagotable capacidad de aprender, de añadir a su repertorio de conocimientos y actitudes una nueva posibilidad de colocación delante del toro que alargue el pase, o un ligero desmayo de la muñeca que embellezca la verónica o un detalle que mejore la expresión de su trincherazo enjundioso.


Frascuelo en Madrid
Tomada de Marca

Tiene una virtud Frascuelo que le hace irrepetible. Nunca torea mal. Siempre intenta torear bien. No le vale con dar pases a los toros. Los pases tienen que ser de verdad, buena la colocación, adecuada la distancia, compuesta la figura, con aplomo, con empaque, con torería, gustándose.

Ni todos los toros se dejan, ni todas las faenas resultan, pero cuando el toro embiste como el sábado en El Escorial, esa mezcla de convencimiento de artista y de amor a su profesión le hace un torero irrepetible. Por eso a unos cuantos nos mueve a ir a verle, pues sabemos que tiene aroma y sabor de torero, que es depositario de lo más noble que hay en la fiesta de los toros, que rebosa afición y que nunca nos va a defraudar aunque no cuaje faena. Porque tiene ese don de los privilegiados que se nota en todos sus movimientos en la plaza: la torería.

Frascuelo y El Pana con Jorge Laverón en Madrid en 2008
Foto de Antonio Novillo

EL PANA, HETERODOXIA SERENA
Una delgada línea separa la heterodoxia de lo inaguantable, un raro punto de equilibrio por donde transitó El Pana en Vistalegre. Pesaba en la balanza, la serenidad, la variedad del torero que dio en una corrida más pases diversos de los que se ven en toda una feria de San Isidro, la cercanía del pase del toro al cuerpo ajado del torero y sobre todo la alegría de las faenas, faltas de enjundia, si se quiere, pero sobre todo desprovistas de solemnidad, esa solemnidad un tanto hueca, que hace tan aburridas tantas corridas de toros.
Fuimos a Vistalegre en peregrinación confiando en la revelación del toreo de Morante, ortodoxo, este sí, además de exquisito autor de imborrables recuerdos. Morante, inconstante como todo creador, se entretuvo en tejer verónicas de bella factura aunque trabajosa reiteración, sin que en sus faenas lograra convocar al duende, cuya búsqueda nos había llevado a Carabanchel.
Tuvimos, pues que fijarnos más en El Pana, torero de leyenda reciente y repleta de asombros, sin que sea el menor el que causa con su presencia en el paseillo, arropado por un sarape de colores que contrastaba vivamente con un vestido de color fruta de mango tropical y blanco, rematado con medias de este color. Todo esto unido a la larga coleta de pelo natural y el estrambótico detalle de salir con un puro en la boca, le hacía un poderoso imán para la mirada de los aficionados allí congregados, quienes en muy escaso número le habían visto torear y hasta, me atrevo a decir, habían oído hablar de él antes de su resonante actuación en la plaza México la pasada temporada.
Tiene El Pana un estilo vivo, alegre, para el que no pide permiso, ni se demora en plantearlo, en el que al aire de las embestidas del toro que suele pasarse cerca y sin ir sometido, aparece algún pase con enjundia, un trincherazo en su primero, unos derechazos largos en el quinto. Pero no parece que el rebozarse de toro en un natural sea el eje de su toreo. Sorprendentemente tranquilo para un torero que ya no cumplirá los sesenta años y que no parece sobrado de facultades atléticas, planteó unas faenas alegres, más compuestas en la distancia del toro que cuando acortaba los terrenos y aparecía descolocado y retorcido, armadas con cites de largo y pases no fundamentales, en las que los toros estuvieron siempre sujetados a seguir al torero quien iba desgranando una multitud de pases, de nombres desconocidos para mí y cuyas referencias no soy capaz de encontrar ni en el libro de José Luis Ramón.

El Pana en La México
Tomada de Tauromagias

No me conmueve El Pana, pero creo que tiene un aire común con algunos otros toreros mejicanos que raramente he visto, como Silvetti o el mismo Cavazos  quienes han mostrado un toreo alegre, exento tanto de profundidad como de solemnidad, que transmiten la sensación de estar disfrutando en la plaza y que seguramente se sentirían sorprendidos si les demandan un toreo más complejo, enjundioso o rematado.
Esta me pareció la aportación de El Pana, a tenor de lo ocurrido en Vistalegre y no es menor. No ví pureza de toreo, ni faenas macizas, ni pases rematados. Vi un torero que no pide permiso a la ortodoxia para torear, que no convierte sus faenas fallidas en tediosos momentos atenazados por la búsqueda de la serie de naturales o en su defecto, derechazos, que provoquen el asentimiento grave de la afición. Ví que se puede dominar a un toro sin someterse a la permanente tensión entre obligarle y que claudique o torear sin rematar. Ví que con unas fuerzas muy justitas se podía estar en una plaza y pasearse entre la delgada línea que separa la heterodoxia del ridículo, torear sin complejos y abrir una puerta por donde entre un aire que contribuya a despejar de falsas solemnidades, tediosos preámbulos, aburridas faenas, estos ruedos tantas veces atacados por la presunción de importancia, trascendencia, ortodoxia, canon, pureza o verdad, que al cabo raramente se cumple y en la que tantos toreros ocultan sus malas tardes y tantos aficionados esconden su ignorancia.

lunes, 8 de septiembre de 2014

EL APUNTE DE LA DE SALTILLO. LA CASTA MISTERIOSA

La casta se transmite de manera misteriosa. Los toros de Moreno Silva, con el recientemente adquirido hierro histórico de Saltillo, que volvían a Madrid después de años de espera, se quedaron en una corrida interesante, que no es poco, pero tampoco mucho.
La última novillada que se lidió en Madrid, en un San Isidro de hace ya años, resultó fiera y por momentos brava, desbordando a los novilleros que se enfrentaron con ella. Aquello resultó excesivo para muchos, que sólo supieron ver fiereza, cuando también había mucha casta enfrentada a la inexperiencia y los novillos de Saltillo no volvieron a anunciarse en San Isidro, en una historia, que por tantas veces repetida, casi ni sorprende.

Sandiero, cinqueño, serio, 465 Kg en la báscula, abrió la corrida

Esta vez eran toros que tenían frente a ellos a toreros cuajados, quienes nunca anduvieron sobrepasados. Encabo, después de un parón de un par de años, volvió con su contrastada capacidad y pechó con el mejor y el peor de la corrida, al primero le sacó faena y al otro lo despenó con majeza. Marc Serrano, quien confirmaba la alternativa tras largos años de matador, estuvo decidido con su lote, también de uno bueno y otro malo. Joselillo aplicó su tauromaquia poco estética a sus dos buenos toros, uno de los cuales, el sexto fue el único que apretó en el caballo, si bien se salió suelto de la segunda vara. Los que estábamos esperando la bravura unida a la casta nos quedamos chasqueados, pues los toros a pesar de ser duros no hicieron una gran pelea en el caballo y no regalaron ni una embestida que no fuera porfiada por sus matadores.

Encabo mandando con el capote a Soriano


Una corrida que había levantado mucha expectación entre los numerosos aficionados integristas, que gustan del toro con casta y problemas, y que no defraudó, pero no produjo el gran espectáculo que proporciona cuando la casta se alía con la bravura. Esperemos que la vuelta de esta ganadería no sea episódica y pueda prodigarse en sucesivas temporadas, pues tantas veces la bravura está unida a la nobleza bobalicona, que no deja de resultar agradecido ver toros con problemas; y si fueran bravos, sería el summun.

Fotos de Juan Pelegrín tomadas de Las Ventas
Publicado en http://www.opinionytoros.com/noticias.php?Id=48559 con foto de Muriel Feiner