lunes, 30 de mayo de 2016

LA FIESTA DE LA CASTA. BALTASAR IBÁN

Camarín-37 de Baltasar Ibán es el toro de la feria, hasta ahora, que empieza la llamada semana torista, pues combinaba la nobleza de la bravura con la agresividad de la casta. Para que un toro bravo pueda lucir se necesita que el matador lo muestre, lo enseñe, le dé espacio y sea generoso al mostrar la bravura y enjundioso a la hora de torearla.
Le faltó generosidad a Alberto Aguilar para poner al toro para un tercer puyazo. Claro que el alevoso lanzazo trasero y recargando en que consistió el primer puyazo, que dejó al toro creando charcos de sangre cada vez que se paraba, no invitaba a un mayor castigo. Error de cálculo del matador y carnicería del picador, ese cáncer de la fiesta.
Mientras los picadores no sepan hacer la suerte sin recargar y defendiendo a la montura sin picar atrás, y por el contrario rompan al toro con esas varas traseras que los destrozan y utilicen la puya como una picadora de carne, no sólo serán indignos de su profesión, sino que destrozan una fiesta que tiene en la expresión de la bravura del toro su única defensa.
Alberto Aguilar fue generoso y firme en su faena de muleta, pero le faltó dar ese paso adelante que hace que una faena sea grande y estuviera a la altura de la bravura del toro. Mostró la bravura del toro pero no consiguió montar una faena que le hiciera justicia.
Nunca se ha dicho que los presidentes de corridas sean buenos aficionados, pero Camarín-37 merecía la vuelta al ruedo que el presidente no concedió. Quizá otro día con un toro más pastueño se le ocurra concederla, con ese criterio que defiende que el toro debe ser un colaborador y no un adversario.
Mientras tanto disfrutamos con la corrida de Baltasar Ibán, que presentó unos toros de mucho volumen, excepto el tercero, con una diferencia de más de 100 kilos con el resto, aparatosos y bien hechos, con la señal de la casta y en la primera mitad también con la de la bravura.


Publicado en  Opinión y Toros


miércoles, 25 de mayo de 2016

JUSTICIA INTACHABLE. DAVID MORA TRIUNFA EN MADRID


La vida concede el premio al esfuerzo, a veces, sólo a veces, como ayer. Malagueño de Alcurrucén fue el instrumento por el que la vida, el hado, el destino, el acaso, devolvió a David Mora la recompensa por sus esfuerzos, por su larga recuperación sin perder la fe, por su inflexible determinación de ser torero, matador de toros bravos, por sobreponerse a una cogida que lo dejó cojo, prácticamente inválido y de la que se ha recuperado para torear a Malagueño en la misma plaza de su grave cogida.

 
David Mora y Malagueño-1 de Alcurrucén
 
Una faena intachable, sobresaliente por su ritmo, saturada de emoción por la cogida al iniciar el trasteo de muleta con una pedresina, tan de moda últimamente y que tan poco añade al dominio del toro, sólo muestra la determinación del torero.

 La sombra de la tragedia
 
El tremendo golpe y la espectacular caída saturaron de emoción una tarde donde parecía que la tragedia se había cebado una vez más con el torero. Recuperado de la cogida Mora planteó una faena que inició con ayudados y bellos naturales y se hizo compacta sobre la mano derecha. Bien medida, acoplada a la nobleza y repetición del toro, sin dejarlo de la mano ni agotarlo, con las pausas justas y la duración precisa, rematada por una estocada. Intachable de principio a fin, con un toro al que se le concedió la vuelta al ruedo.

 

 

 
Le emoción no la puso una faena de riesgo, sino la determinación del torero y la alegría de los aficionados, ante la vuelta de un torero que se ha sobrepuesto a su condena de invalidez.
 

Era demasiada responsabilidad para Roca Rey sobreponerse a tanta emotividad, él que es un torero por cuajar, que encandila a los más impresionables, pero no consigue la aquiescencia de los que se consideran puristas, ni arrolla con sus faenas. Habrá que esperarle, pues tiene el sello de la singularidad y la capacidad.
 

 Triunfo de David Mora y vuelta al ruedo de Malagueño-1

Pero ayer era el día del reencuentro de David Mora con la plaza de Madrid gracias a Malagueño de Alcurrucén.
 


 
 
 
Fotos de Andrew Moore
Publicado en Opinión y Toros


jueves, 19 de mayo de 2016

LA TAUROMAQUIA EN PERÚ. JUAN MANUEL ROCA REY EN LA TERTULIA DE JORDÁN

La imagen del pasado 13 de mayo en la que un torero francés daba la alternativa a un torero peruano en Las Ventas, es posiblemente una imagen de la tauromaquia del siglo XXI. Un espectáculo extendido por diversos países, en los que todos aportan sus experiencias y protagonistas.
Para hablar de la tauromaquia en Perú, asiste a la Tertulia de Jordán, Juan Manuel Roca Rey, ganadero peruano, torero sin alternativa, empresario de la plaza de Acho en Lima, que este año cumplirá su 250 aniversario y tío del torero del momento, Andrés Roca Rey.

Juan Manuel Roca Rey en la Tertulia de Jordán
 
Nos habla de la diversidad entre la feria de Lima, del Señor de los Milagros, que se extiende por los domingos del mes de noviembre, un espectáculo elitista, caro y de raigambre en Lima y los más de 400 festejos taurinos que se dan anualmente en Perú, la mayoría en pueblos, ligados a las fiestas populares y en uno de los cuales justamente el día de la Tertulia, acababa de fallecer un novillero por cornada de toro, debido a la lejanía de los medios médicos necesarios. Comenta la fortaleza popular de estas corridas, que cree es debida a la herencia de la colonización española de la que han quedado, básicamente, la religión, los toros y el idioma, y por este orden, añade.
 
Paseillo en la Plaza de toros de Acho
 
Perú no se libra de los antitaurinos, aunque la agresividad parece que ha sido frenada, momentáneamente, aunque los métodos para conseguirlo no hayan sido excesivamente ortodoxos.
No demuestra mucho interés por las fiestas populares con toros diferentes a la corrida, como la célebre Yáwar Fiesta, que tan bien novelara José María Arguedas.
 
Toros de la ganadería Roca Rey en Oxipampa, Perú
 
En Perú hay básicamente dos ganaderías de casta española, una la del torero retirado Rafael Puga y otra la suya. Ambas proceden de un embarque de vacas y sementales de Jandilla y Torrestrella del año 86, que se han mezclado con un toro de Torrestrella y mejorado con diversas pajuelas compradas posteriormente. Para la feria del Señor de los Milagros han venido importando toros españoles hasta la crisis de las vacas locas y posteriormente toros mexicanos o colombianos y de nuevo españoles al abrirse las fronteras, además de los toros de estas dos ganaderías peruanas, aunque dice que sería un sueño poder hacer una feria completa con ganaderías de Perú.
Juan Manuel Roca Rey
 
Hablamos de su sobrino Andrés Roca Rey, de quien afirma que es un torero precoz, con una gran afición, dedicado al toreo desde su infancia, que dejó su casa y familia para venir a España dirigido por José Antonio Campuzano. Está contento con lo que ha conseguido por ahora y consciente de los vaivenes del negocio de la tauromaquia. Define a su sobrino, con palabras de Paco Ojeda, como un torero que torea cerca del toro, no que sólo se pasa al toro cerca. Listo, aprende rápido de los toros y del público, como se pudo ver en su segunda corrida de Madrid donde ya no abusó de su repertorio de pases cambiados, espaldinas, arrucinas y demás.
Andrés Roca Rey sale a hombros de Las Ventas
 
Persona expansiva habla con confianza de su situación personal y de sus planes empresariales y nos enseña fotos de su finca y sus toros, al tiempo que no se cansa de contarnos, a nosotros que tan poco sabemos de la tauromaquia en Perú, historias de la fiesta; de los distintos toreros aficionados, de la primera feria del Señor de los Milagros en el año 46, para la que su padre llevó a Manolete a Lima, de tantos temas que nos dan una interesante perspectiva de la tauromaquia casi desconocida del Perú, cercana y diversa a la vez y que, con toda probabilidad, tomará una gran proyección gracias al nuevo torero Andrés Roca Rey.

NI CARNE, NI PESCAO

Ni fú, ni fá. Ni bueno, ni malo. Una corrida más que ya ha pasado, una corrida menos que nos queda del abono. Así fue la corrida de Fuente Ymbro que se coloca entre las malas de la feria. No entre las decepciones, pues Fuente Ymbro hace muchos años que no echa una corrida buena en Madrid.
Talavante castigando a Hurón
Urdiales con el sobrero de Buenavista
 
Un toro bueno como Agitador el ensabanado del año pasado, una novillada buena como la de hace dos años, pero parece que las corridas buenas de este hierro prefieren viajar hacia Pamplona o tomar el camino de Francia o a saber dónde, pues entre casi veinte corridas de toros anuales, no parece tan difícil encontrar una buena corrida para Madrid.
 Trincherazo de Urdiales
 
Rebuscando entre la tarde aparecen unos buenos pases de Diego Urdiales, de bello trazo y mala colocación, pues difícilmente puede haber buena colocación cuando se trata de sostener al toro y no de obligarlo.
Perera al inicio de su faena al quinto
Talavante con Hurón en las tablas
 
Dos buenos inicios de faena de Perera y Talavante a sus respectivos últimos toros, que se acabaron malogrando cuando se rajaron los animales, a la defensiva el de Perera y a la querencia de toriles el de Talavante, quien, aprovechando que está en un buen momento de sitio e ideas, acabó dándole pases y series en el terreno que el animal propuso, en las tablas de sol y en su peregrinar hasta la puerta de toriles.
Natural de Talavante en la contraquerencia
 
Banderillas con arrojo, lidias competentes, malas varas, poca cosa. Así seguimos transitando por estas semanas en las que los primeros espadas se acercan al abono, con sus toros de medio pelo y sus faenas olvidables.
Curro Javier en el quinto toro
M.A. Muñoz picando a Hurón
 
 
Fotografías de Andrew Moore
Publicado en Opinión y Toros
 
 


viernes, 13 de mayo de 2016

GUSTO Y VALOR

Morenito de Aranda es un torero de gusto, compone bien, relaja la figura cuando pasa el toro aunque hasta el embroque sea un torero más crispado, pero no es un torero de pelea, prefiere dejar pasar al toro que obligarle, fía su toreo al temple y a la nobleza de su enemigo.

Morenito de Aranda

Morenito posee una gran capacidad de composición estética, pero difícilmente emociona. Transmitía más emoción su alegría al ver que Chocolatero-65, cinqueño de El Ventorrillo, embestía con nobleza y prontitud a la muleta, que sus pases que ejecutaba colocado al hilo, componiendo con relajo y rematando con belleza.

Morenito de Aranda

Gonzalo Caballero ha perdido la frescura que trajo en su presentación como novillero, que ha cambiado por valor. Un valor seco, estoico, de aguantar las tarascadas pero sin la capacidad de dominarlas. En una de estas el toro hizo por él y le dio una grave cornada en la pierna izquierda. Con pundonor y gracias a un torniquete de urgencia, pudo pasaportar al toro en medio de un ambiente de cierta tragedia antes de pasar a la enfermería.

Gonzalo Caballero
Gusto y valor, dos componentes inseparables de la fiesta de los toros, más valorado el primero, puesto que la creación de belleza es la justificación de las corridas, y necesario el segundo para poder componer las faenas.

Chocolatero-65 y Morenito de Aranda


Morenito de Aranda tiene gusto para torear y valor para componer, le falta la emoción que pone el riesgo, que el torero asume al obligar al toro.


En dos días hemos visto a un torero que emociona por el riesgo que asume, Paco Ureña, y a uno que gusta por su capacidad estética, Morenito de Aranda, ambos en la segunda fila del escalafón. A partir de hoy vienen las figuras. Veremos.
Francisco José Quinta picando a Chocolatero-65
Luis Carlos Aranda con Bronquista-94

Fotos de Andrew Moore

Publicado en Opinión y Toros


jueves, 12 de mayo de 2016

EMOCION Y BELLEZA

La emoción en el toreo surge cuando el torero define su sitio frente al toro y no lo abandona tras cada una de sus embestidas. La belleza cuando el sitio del torero está en el viaje del toro, por lo que cada pase en el que ocurre, el toro debe desviar su viaje sin ser despedido del sitio del torero.
 
Paco Ureña
 
Por eso las faenas de Paco Ureña frente a los toros de El Torero fueron emocionantes. El torero fijó su sitio y obligó al toro a seguir el viaje que marcaba su muleta alrededor del torero y sin despedir nunca al toro, notablemente en la segunda serie de derechazos al sexto toro, el noble Ojibello.
 
 
 
No sólo esta segunda serie, que fue un monumento de la voluntad y el valor del torero, un ejemplo de la emoción en el toreo. Toda la faena a Ojibello estuvo marcada por la voluntad del torero de no ceder su sitio al toro, sino obligarle a seguir la voluntad del torero. Más ceñidos los derechazos en los que el toro iba acortando la embestida hasta el pase de pecho obligado y menos los naturales en los que el toro salía más suelto, pero todos ellos con la emoción del dominio del torero. La faena fue rematada con una estocada, al segundo viaje, a la que se tiró con todo, menos con técnica, pero con la firme voluntad de no perder el triunfo.
 
El tercer toro, menos noble y por tanto, más emocionante, fue un aviso premonitorio del sitio y la voluntad del torero. Nunca se movió Ureña de su sitio, aun cuando el toro con inciertos viajes se vencía hacia el torero especialmente en los naturales. Nunca abandonó su sitio el torero y en un derechazo, segundo de tanda, surgió la belleza al entrar el torero en el viaje del toro y obligarle a desplazarse a su alrededor soltándole detrás de su cadera. Un pase sublime en una faena llena de emoción.
Ojibello-50, cinqueño de El Torero
 
En una corrida noble y con pitones de El Torero, que se dio bajo la lluvia, con el público aguantando con sus paraguas y chubasqueros, Escribano nos volvió a regalar su arriesgado par al quiebro en tablas y Fandiño no consigue coger aire para rememorar su valeroso pasado.
 Manuel Escribano
 
Las faenas de Ureña marcan un listón muy alto para las próximas visitas de las figuras de cartel, pues sirven para reafirmar que la emoción en los toros aparece como consecuencia de la decisión del torero, que no renuncia a imponer su voluntad al toro.
 
 
Paco Ureña
 
El público bajo la lluvia en la meseta de toriles
 
Rafael Agudo, picando al toro Orejuelo lidiado en segundo lugar
 
El bello Gladiador, remiendo de Torrealta, lidiado en quinto lugar
 
Fotos de Andrew Moore
Publicado en Opinión y Toros


martes, 10 de mayo de 2016

PASEOS POR EL MADRID TAURINO. CHAMBERÍ (I)

Chamberí, barrio castizo por excelencia, acoge una parte de la historia taurina de Madrid, con numerosos recuerdos, especialmente, desde la Edad de plata del toreo hasta la actualidad.
A iniciativa del Aula de Tauromaquia del CEU que dirige Rafael Cabrera y organizados por Juan Salazar, gran aficionado y entusiasta del libro Adiós Madrid, cuyas referencias ha fotografiado y aumentado, y de la historia del Madrid taurino, se celebraron dos paseos taurinos por el barrio los pasados días 15 y 22 de abril.

Asistentes al Paseo Taurino por Chamberí el 15 de abril

Los grandes toreros de la edad de plata tuvieron predilección por este barrio en el que se ubicaron los domicilios de Nicanor Villalta, en Alonso Cano 3, donde una placa de mármol le recuerda, de Marcial Lalanda “el más grande”, quién residió hasta su fallecimiento en la calle General Martínez Campos 5 como atestigua una placa del Ayuntamiento de Madrid y de Domingo Ortega, cuyo último domicilio en Madrid estuvo en la calle Fernández de la Hoz 26, como indica otra placa municipal colocada recientemente, gracias a la iniciativa de Juan Salazar y Rafael Cabrera Bonet, entre otros, cuando todavía el Ayuntamiento no se había declarado antitaurino “de facto”.

Placa en la casa de Nicanor Villalta

Placa en la casa de Marcial Lalanda

Placa en la casa de Domingo Ortega
Fotos de Juan Salazar

Este trío de maestros son la cumbre de la Edad de plata, quizá la última época en la que Madrid es la ciudad de residencia de los grandes toreros, pues la mejora de las comunicaciones que se produce a partir de los años 60 hace que ya no sea imprescindible vivir en Madrid para alcanzar con relativa comodidad cualquier punto de la geografía. Cada uno de ellos tiene un capítulo propio en la historia taurina, no sólo madrileña.

Nicanor Villalta impone, en octubre de 1928, a Diego Mazquiarán "Fortuna",
la Gran Cruz de Beneficencia concedida por su hazaña 
al matar un toro desmandado en la Gran Vía madrileña

Nicanor Villalta, con la cabeza vendada,
entrando a matar un toro en Teruel

Nicanor Villalta ha sido el torero que más orejas ha cortado en las plazas de Madrid, pues como casi todos los toreros importantes de la edad de plata, su carrera la hicieron en la plaza de la carretera de Aragón y llegaron a inaugurar la de Las Ventas. Sobrio en su aspecto, como lo debió ser en su toreo, alcanzó fama de gran estoqueador y dominador.

Nicanor Villalta en 1975


Marcial Lalanda, el joven maestro, como lo llamaron en sus comienzos, pasó a ser conocido como el más grande gracias a la afortunada letra de su pasodoble.

Marcial Lalanda en el célebre quite de "la mariposa"

Posiblemente fue el más grande de una época complicada, marcada por la muerte de Joselito, por la existencia de un gran número de buenos toreros, por el predominio del toro y por una situación social convulsa y poco propicia para apreciar la fiesta de los toros, como fueron los años 20 y especialmente los 30. 
Marcial toreando al natural en el coliseo de Arles

Madrileño ejerciente, protagonizó la película “¡Viva Madrid, que es mi pueblo!”, cuyo negativo, lamentablemente, se ha perdido, donde Marcial reflejaba la tradicional simpatía y hospitalidad de los madrileños al decir de la nota necrológica en el diario El País

Portada de La Tauromaquia de Marcial Lalanda 
Editorial Espasa Calpe

Dedicatoria de Marcial Lalanda y Andrés Amorós

Hasta el final de su vida en los 80 mantuvo su influencia gracias, entre otras cosas, a la colaboración con el intelectual erudito y gran aficionado Andrés Amorós con el que escribió su Tauromaquia, resumida en este principio: “El toro es el elemento fundamental de la fiesta. Es el toro en su infinita variedad, el que impone la necesidad de conocer bien la lidia. Es la disminución del toro lo que explica la transformación (yo diría deformación) del arte de torear”.

(Cont.)


Nota: Me informa Andrés Amorós que la película ¡Viva Madrid que es mi pueblo! fue recuperada por la Filmoteca Nacional y que en ella Marcial Lalanda demostraba buenas dotes para la actuación.