martes, 25 de noviembre de 2014

EL CONTROVERTIDO PUBLICO. X

J.M.S. El aficionado va desapareciendo poco a poco de las plazas para dejar su sitio al público ¿Qué piensa de él?



Rafaelillo en Valencia el 13-3-13  (Marca)
y Sevilla el 9-5-11 (ABC)
con toros de Miura

E.M.F. Pues me llama la atención que hable tanto en la plaza. Yo recuerdo que cuando mi familia iba a los toros, mi tío-abuelo y mi abuelo, Antonio y Eduardo, no hablaban casi nada durante la corrida. Lo más que decían cuando ocurría algo interesante para el ganadero, naturalmente ellos lo veían siempre bajo su punto de vista, era el siguiente diálogo sin dejar de mirar a la plaza. Se daban en el codo. "¿Te has fijao (sic), Antonio?", "Ojú ¡Vaya tela!", contestaba. Y nada más. Ese era todo su diálogo porque estaban atentos a la lidia y a sus más insignificantes detalles.

Declaraciones de Eduardo Miura Fernández en Miura, siglo y medio de casta (1842-1992). José María Sotomayor. Espasa Calpe. Madrid 1992 pag.387

viernes, 21 de noviembre de 2014

LA TAUROMAQUIA DEL DETALLE


En el Ateneo Orson Welles (bonito nombre para un grupo de jóvenes aficionados taurinos) Juan Mora explico su concepto del toreo. Con un tono íntimo como corresponde al ambiente de una librería donde tuvo lugar el coloquio, fue explicando su tauromaquia que definió como basada en los detalles.
Quizá consciente como decía Borges de la literatura, que no hay obras maestras, si acaso renglones maestros, Mora ha optado por esos detalles que dan carácter a una faena. Recogido, concentrado en su manera de entender el toreo, no plantea pelea para estar en los carteles, sólo parece estar a la espera de dictar su personal manera de entender la tauromaquia.

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Juan Mora en el Ateneo Orson Welles

No se le llena la boca para hablar de arte, cuando más a gusto se sintió en la faena de 2010, dice, es cuando vio que estaba dando un natural tal y como lo había soñado en el hotel por la mañana, que es una bella manera de convertir tus sueños en realidad.
Juan Mora ha hecho en su carrera un viaje inverso al habitual. Ha ido del barroco de sus inicios al clasicismo actual, quizá intentando despojar a su toreo de todo lo superfluo. Una bonita reflexión hecha ante un nutrido auditorio de más de 50 asistentes, entre los que sólo media docena rebasábamos (aunque algunos lo hiciéramos por mucho) los 40 años de edad.
Un ambiente plural, exento de dogmatismos, ávido de conocer experiencias y reflexiones, con referencias no sólo taurinas sino también relacionadas con otras expresiones artísticas o intelectuales crean un ambiente nuevo, limpio y muy agradable, mostrando una manera de acercarse a la tauromaquia tan alejada de los clichés y tan interesante para los que nos creemos que la tauromaquia es un acontecimiento cultural.

viernes, 7 de noviembre de 2014

PASEOS POR EL MADRID TAURINO. LA GRAN VIA

La gran avenida que vertebra el Madrid del siglo XX, entra por la Puerta Grande de la historia taurina el 23 de enero de 1928, cuando apareció en la Red de San Luis, un toro que venía desmandado desde el matadero. La historia que ha sido contada numerosas veces hasta alcanzar la categoría de leyenda, varía poco en los detalles de las diferentes versiones.

Diego Mazquiarán, Fortuna, marcado con una cruz 
y reproducido vestido de matador en un montaje de la foto original.
Tomada de Antiguos cafés de Madrid

Diego Mazquiarán, Fortuna, que estaba de paseo por la Gran Vía, paró al toro utilizando su abrigo a guisa de capote y tras recibir su estoque que había mandado a buscar a su casa en la cercana calle de Valverde, acabó con el funo de certera estocada.
La prensa se hizo eco del asunto que publicó con varias fotos de los célebres Capua y Alfonso, algunas de ellas trucadas para añadir más dramatismo al asunto, e incluso a Fortuna se le concedió la Cruz de Beneficencia que tenía por objeto recompensar actuaciones o servicios considerados extraordinarios que implican riesgo personal.

Fotomontaje de Fortuna estoqueando al toro
aparecido en la revista Nuevo Mundo como original

Además de este caso singular y famoso del que me ocuparé más extensamente en una entrada sobre los toros sueltos que han aparecido por Madrid, la Gran Vía es el nuevo centro que vino a modernizar la capital, hasta que fue sustituida por el distrito de negocios AZCA y prácticamente abandonada al turismo mostrenco, que deambula a la sombra de sus bellos edificios.

El hotel Gran Vía en la Red de San Luis
Tomada de Minube

El actual nº 18, en la esquina con la calle del Clavel, en los años 10 del siglo XX fue el Hotel Roma, lugar de residencia de Joselito antes de tener casa propia en Madrid. Aligerado de cornisas y adornos en la fachada y aliviado de la estatua de la loba romana que coronaba el torreón de la esquina, el edificio alberga unas oficinas de la Consejería de Justicia de la Comunidad de Madrid.

El Hotel Roma en el nº18 de la Gran Vía 
esquina a la calle del Clavel
Tomada de Festivales de España

Iniciadas las obras por el rey Alfonso XIII el 4 de abril de 1910, la historia de Fortuna y el toro desmandado tuvo lugar muy cerca de este edificio, en el primer tramo, de nombre Conde Peñalver en la época, y que llegaba desde la calle de Alcalá hasta la red de San Luis.

La Gran Vía en obras (c. 1912)
Tomada de Balovega

En la acera de los pares se estableció el bar Chicote en 1931, actual Museo Chicote y tan unido en la postguerra al ambiente taurino. Manolete, Gitanillo de Triana o Domingo Ortega compartían junto a aficionados de postín, las mesas y los cócteles del sonriente Perico Chicote, mientras alrededor se solazaban los estraperlistas de penicilina, opiáceos, tabaco rubio y medias de nylon. Hoy en día  permanecen en Chicote sus cómodas butacas forradas en verde, la larga barra y los veladores. Como los combinados sigues siendo buenos y los estraperlistas ya han desaparecido, seguramente camino de nuevos y fascinantes negocios, es un buen lugar para recoger, al menos en el decorado, parte del ambiente taurino de postguerra.

Barra del bar Chicote.
Pastora Imperio presentó allí Lupe Sino a Manolete

Iniciando el tercer tramo, Eduardo Dato antes de la guerra, en la esquina con Jacometrezo, está el Edificio Carrión que en Madrid se conoce popularmente como Capitol debido al cine que aloja, acostumbrado a figurar en todas las postales turísticas y en todos los reportajes del Madrid moderno desde la postguerra hasta ahora. En un apartamento, de los 64 que contaba el edificio en su diseño inicial, tuvo su residencia el madrileño Antonio Márquez, torero fino, completo e irregular al que sus paisanos apodaron El Belmonte rubio. Siguiendo lo que parece una tradición de uniones entre cantantes folclóricas y toreros, Antonio Márquez se casó con Concha Piquer y la hija de ambos, Conchita Márquez Piquer se casó con Curro Romero, torero también grande, fino e irregular.

La Gran Vía desde Callao.
De frente el edificio Carrión, Capitol

Costillares, el creador del volapié y organizador de la corrida en los finales del siglo XVIII, tuvo su casa en Madrid en las calles situadas entre San Bernardo y la plaza de los Mostenses, que desaparecieron al construir este último tramo de la Gran Vía. No sería un mal recuerdo al maestro decimonónico, una placa en la zona donde tuvo una residencia mientras toreaba las temporadas desde 1767 a 1790.

Joaquín Rodríguez "Costillares"
Tomada de Real Maestranza


La Gran Vía tiene los más emblemáticos edificios del Madrid de principios del siglo XX, desde el art nouveau al racionalismo. No hay que dejar de mirar hacia los pisos altos y descubrirá una impresionante sucesión de cenadores, templetes, estatuas y singulares cornisas. También tiene, menos visibles pero importantes, numerosos recuerdos de la historia taurina de Madrid.

lunes, 3 de noviembre de 2014

EL CONTROVERTIDO PUBLICO IX

Las corridas de toros aún están muy en boga en España; pero, entre los españoles de la clase alta, pocos hay que no sientan una cierta vergüenza en confesar su gusto por un género de espectáculo tan cruel. Así es que buscan las más graves razones para justificarlo. 

Corrida de toros
Diego Luna Izquierdo (c.1820)


(...) El único argumento que no se atreve nadie a aducir y que, sin embargo, no tendría réplica, es que, cruel o no, este espectáculo es tan interesante, tan atractivo y produce emociones tan fuertes que ya no se puede renunciar a él cuando se ha resistido el efecto de la primera corrida a la cual se asiste. Los extranjeros, que no entran en la plaza la vez primera sino con cierto horror y sólo con el propósito de cumplir concienzudamente con sus deberes de viajero, se apasionan pronto por las corridas de toros tanto como los mismos españoles. 

Corrida de toros
Edouard Manet (c. 1860)

(...) Durante mi estancia en España no he faltado a una sola corrida. Ninguna tragedia en el mundo me había interesado hasta ese punto.

Prosper Merimée. Cartas de España. Carta I Las corridas de toros (1830). Editorial Renacimiento. Sevilla 2005. pag 71-73