viernes, 21 de julio de 2017

JOSE MATA EN CERET

Era suficientemente conocido, para los que nos fijamos en la vida del torero canario José Mata, que había toreado en Ceret en dos ocasiones.
Paseillo en Ceret

Figura claramente en el listado de corridas que la revista El Ruedo publicó en su número especial dedicado a José Mata tras su muerte a consecuencia de la cornada en Villanueva de los Infantes y además en mi apunte biográfico sobre el matador, publiqué el comentario del matador Gregorio Tébar El Inclusero, que resultó gravemente corneado en la corrida del 9 de agosto de 1966, quién me confió que José Mata tuvo la sangre fría necesaria para poner orden  en la enfermería en esos momentos de confusión en los que se necesita gran entereza, presencia de ánimo y cabeza fría, para atender al herido, entre el revuelo de gentes que lo llevan y la urgencia de la actuación médica.


El azulejo que recuerda a José Mata en Céret.
El año de nacimiento de Mata fue 1937 
en Garafía, Isla de La Palma

La presentación en Ceret fue el 18 de septiembre de 1965, (La revista El Ruedo dice 19 de septiembre), año en que tomó su alternativa en Benidorm e hizo el paseíllo junto a Joaquín Bernadó y Manuel García Palmeño, lidiando toros de Salvador Guardiola. En esta ocasión el debutante Mata cortó tres orejas a su lote, llevándose el premio de la Oreja de oro que se concedía en esa época.
La segunda y última corrida, cuando resultó cogido el maestro Gregorio Tébar El Inclusero, completaba el cartel Gabriel de la Haba Zurito, y lidiaron toros también de Guardiola.

Mª Rosa junto al azulejo en recuerdo de José Mata en Ceret
muestra la entrada de la feria de 2017 con el lema "Le rêve fou a 30 ans"

La sorpresa para mí fue que este año vi junto a la puerta de acceso al tendido de Ceret un azulejo que recordaba su presentación en dicha plaza y su muerte por asta de toro. Igualmente al otro lado de la puerta una placa similar recordaba a José Falcón, el torero portugués que también murió a consecuencia de una cornada, en este caso en Barcelona.

Los aficionados franceses, siempre tan atentos con la historia del toreo, honran a los héroes que se han dejado la vida en las plazas de toros.

martes, 18 de julio de 2017

EL LOCO SUEÑO DE CERET

Cuando a la muerte del cuarto novillo de Raso del Portillo, la cobla Mil-lenaria, una formación musical específica de sardanas, que se encarga de amenizar las corridas con música entre toro y toro, además de interpretar Els segadors antes del paseíllo y La Santa Espina tras la muerte del quinto toro, inició el pasodoble España Cañí, entendí que la corrida de toros tiene algo singular que la hace estar por encima de tanto encono político e identitario atizado socialmente.
La cobla Mil-lenaria, formación típica para tocar sardanas,
se encarga de tocar los pasodobles con gusto y elegancia

Catalanes y aficionados dicen los carteles, mostrando como unir lo que nos han querido vender como una contradicción. Aficionados toristas, debían añadir, que defienden la casta del toro bravo en la elección de sus corridas, que la muestran en su respeto escrupuloso de la suerte de varas y en su criterio al valorar los premios a toros y picadores. Aficionados toristas que por ello entienden y premian a los toreros que saben aprovechar la casta de los toros. Aficionados toristas que saben que “la tauromaquia no encuentra sentido sino en el enfrentamiento, el riesgo y el miedo”.

Capucherito-22 y Jilguero-11,
encastados y bien presentados toros de Saltillo

Las peregrinación a Ceret en búsqueda de la verdad de la suerte de varas y la lidia de los toros de casta en esta feria bautizada como la “Loca ensoñación” en conmemoración al 30º aniversario de la gestión de la ADAC, eran un lujo torista, que tuvo su colofón en una gran corrida de José Escolar, quien mandó seis toros encastados con cuatro ejemplares de nota para Fernando Robleño y Alberto Aguilar mano a mano.
Cartel de Ceret de toros 2017

Miura mandó una corrida mansa y decepcionante de presentación, cornicorta y con pitones escobillados que hicieron disculparse previamente a la organización, aunque probablemente no fueran los toros reseñados previamente los que llegaron a Ceret, sino una limpieza de corrales de la ganadería. Un sobrero de Yonnet fue quien puso la nota de bravura (alta nota) de la corrida.
Toro de Miura con los pitones escobillados, como casi toda la corrida 
que no obstante remataron con saña en los burladeros

Sobrero bravo de Hubert Yonnet en la corrida de Miura,
toreado por Octavio Chacón

La novillada de Raso del Portillo fue poderosa y tuvo su momento de emoción en el sexto, premiado generosamente con la vuelta al ruedo y picado por Gabin Rehabí, ídolo de la afición francesa quien salió a recoger el premio a mejor picador de la corrida con su caballo.

Gabin Rehabí picando al 6º novillo de Raso del Portillo

El novillero francés Maxime Solera saca a saludar a Gabin Rehabí

Gabin Rehabí salió recoger el premio a mejor picador 
de la novillada de Raso del Portillo con su caballo de picar.

David Prados recibió el premio a mejor picador de la dura y magníficamente presentada corrida de Saltillo, que tuvo una interesante segunda mitad con un toro noble, uno bravo y uno fiero, con los que no se entendieron los matadores de turno, que quizá hubieran lucido más en otro orden, pero en conjunto Saltillo estuvo por debajo del año anterior.
David Prados ganó el premio al mejor picador
 de la corrida de Saltillo, con sus varas a Jilguero-11


Salador-33, el bravo de la corrida de Saltillo

José Escolar mandó una corrida pareja, armada, fuerte, brava y encastada, con la que triunfaron ambos matadores. Robleño hizo dos faenas poderosas, la primera con gusto al bravo Confitero y con mucho oficio al encastado Chumbero, rematando mal ambas con la espada. Aguilar no le perdió la cara a Camionero y le compuso una poderosa al bravo Sevillano que fue premiado con la vuelta al ruedo, ambas faenas las coronó con espléndidas estocadas.


Fernando Robleño hizo una gran faena al bravo,
aunque no bello Confitero-25



Alberto Aguilar, poderoso y gran estoqueador,
 salió a hombros de los areneros, tras cortar dos orejas a 
los bravos Camionero-46 y Sevillano-17

Y el sueño sigue. El sueño de unas corridas de toros donde se permita al toro expresar su bravura en la suerte de varas, en la que se pide que se haga con arreglo a las reglas del arte, picando arriba, sin rectificar, sin recargar ni barrenar, sin tapar la salida del toro y poniéndolo lejos del caballo, cuantas veces sea preciso para que el animal muestre su bravura y el matador lo considere, sin apurarlo ni castigarlo con monopuyazos inmisericordes como tantas veces vemos. Esta suerte de varas que desde Ceret se ha exportado a toda Francia, pero que tanto cuesta ver en España. Por eso Ceret es de visita obligada para un aficionado, como el santuario de la suerte de varas, que es como decir de la bravura del toro de lidia.


Raúl Ramírez hizo la vistosa suerte del salto de la garrocha 
con el quite con banderillas de Sánchez Vara.
Salió trompicado pero sin daño aparente


Reportaje fotográfico de Andrew Moore

Publicado en Opinión y Toros con un reportaje fotográfico de Agnes Peronnet

Otros artículos sobre Ceret de Andrés de Miguel:
En Adiós Madrid 2016
En Opinión y Toros 2013

lunes, 10 de julio de 2017

LA FIESTA DEL VALOR

El valor se les supone a los toreros, no como se les suponía a los que hacían el servicio militar hasta los años 80, que era una mera fórmula. A los toreros se les supone porque lo tienen contrastado, porque lo ejercen cada día, porque es inherente a su profesión, porque es necesario para poder ejercer su oficio. Lo que desde el tendido parece una rutina repetida día tras día, corrida tras corrida, necesita para mantenerse su dosis de valor que la sustente.
Cuando el banderillero Pablo Saugar “Pirri” fue corneado el domingo 8 de julio, duramente en el bajo vientre por el fiero Tanguisto-80 de Puerto de San Lorenzo, con toda la plaza estremecida y mientras las asistencias se llevaban a “Pirri”  corriendo a la enfermería, su hermano Víctor Hugo, al que le correspondía por turno sustituir en caso de lesión, cogió las banderillas para clavarle el tercer par a Tanguisto.
Sin un gesto de más que demostrara su consternación, ni su rabia, ni su desprecio a la fatalidad. Con profesionalidad, conciencia de su oficio y desprecio de la adversidad. Con torería en definitiva, con el valor seco de los toreros que tienen a las cornadas por gajes del oficio.
No hubo alardes que subrayaran el tremendo pundonor, la ruidosa plaza de Pamplona que se estremeció ante la cogida, no se fijó en la casualidad de la sustitución, quizá ni siquiera se dio cuenta de que había salido un banderillero distinto a poner el par que faltaba, tal fue la naturalidad, la profesionalidad, el sentido del deber de Víctor Hugo “Pirri” que no en vano pertenece a una larga dinastía de banderilleros madrileños.
La corrida continuó, todo el mundo representó su papel e incluso el público se fue olvidando de la cogida conforme avanzaba el festejo, una corrida interesante con la que Puerto de San Lorenzo debutaba en Pamplona, la feria donde se lidian los toros más cornalones de la temporada, los más tremendos de arboladura, un festival de cuernos, un muestrario de perchas, entre los que la ganadería debutante mostró sus credenciales que no desentonaron por tamaño entre todos los vistos en los corrales del Campo del gas, donde esperan su turno las corridas de la feria.
Ureña sorteó al fiero y noble, que son atributos de la bravura, Pompito-181, pero a quien le costó embestir al caballo, para hacerle una faena de exposición aunque alargada de más intentando ligar una serie en un empeño cada vez más difícil conforme se agotaba el toro. Curro Díaz tuvo dos medios toros, el citado Tanguisto que embestía por el pitón derecho y Pitinesco que lo hacía por el izquierdo y José Garrido se las vió con Huracán, un aldeanueva favorito de la peñas tras hacer una carrera veloz y solitaria en el encierro.

Algún día los que relatan singulares hechos de valor, narrarán esta corrida en la que Víctor Hugo “Pirri”, como le correspondía por turno, con toda naturalidad, cogió las banderillas en sustitución de su hermano que iba camino de la enfermería con un cornalón que estremeció a la plaza de Pamplona.