martes, 23 de julio de 2019

EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ

El CLUB TAURINO OF LONDON ha iniciado una nueva época de publicación de su veterana revista LA DIVISA, la publicación taurina de mayor difusión en inglés, y me ha invitado a participar en ella, lo que he hecho con sumo gusto, debido a mi larga y entrañable relación de más de 30 años con miembros del club, desde mi primer encuentro con Brian Harding en el Curso de Tauromaquia de la Universidad Complutense de Madrid en 1988. Publico a continuación el artículo en español y las fotos de la portada y del artículo publicado en inglés en la revista.

EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ


Yo vi,
sí vi,
a la gente joven andar
oh sí,
yo vi,
con tal aire de seguridad
que yo,
sí yo,
en un momento comprendí
que el futuro ya está aquí.

Canción de Radio Futura

Portada del Nº 249, con el que inaugura una nueva época,
 de la revista LA DIVISA del CLUB TAURINO OF LONDON
Fotografía de Andrew Moore

Una visión tranquilizadora del mundo indica que la vida transcurre linealmente, que unos hechos son consecuencia de los anteriores y que el saber se va acumulando lentamente, produciendo cada vez mayores y mejores condiciones para el futuro.
La realidad sabemos que no es así, que la vida avanza a saltos y que nos resulta difícil prever el futuro, por mucho que conozcamos el presente.
En el mundo de los toros, que es el que nos interesa aquí, la acumulación de conocimientos técnicos y expresivos lleva claramente estancada hace algunos años. Los mismos toreros realizan las mismas faenas desde hace muchos, demasiados años, sin que se aprecien novedades relevantes.
No estamos hablando sólo de las llamadas figuras, la trilogía Juli, Morante, Manzanares, con el patriarca Ponce y los añadidos de Perera y Castella, con la sombra del lejano José Tomás. También en el trono de los mediáticos liderados por El Fandi al que la incorporación de Padilla, tan respetable por muchos conceptos, no mejoraba su percepción. Incluso los destinados a las corridas duras se movían en un circuito donde la emoción la ponían más los toros que las faenas. Y los nuevos valores aportaban más la novedad que la diferencia. El intento de Fandiño de mover el tiesto, acabó con su ostracismo y su trágica muerte, y las maneras desgarradas de Ureña están en un compás de espera tras su desdichado accidente.
El artículo publicado en inglés con traducción de Joe Ortiz
y fotografías de Andrew Moore, socios del club.
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La temporada 2019, sin que podamos explicar el motivo, se ha desplegado como un brillante abanico de novedades sorprendentes, formas arrebatadoras, modos personalísimos, y de repente todo lo viejo parece destinado al baúl de los recuerdos y ni siquiera la anual reaparición de José Tomás, esta vez en Granada, tradicional bálsamo para la descorazonada afición, ha concitado tanto interés como el día a día de las ferias de Sevilla y Madrid, encadenadas sin solución de continuidad en una brillante primavera de cincuenta corridas consecutivas.
El relevo, el esperado relevo se ha materializado en un brillante Roca Rey, capaz de atraer a la taquilla a numeroso público desconfiado del rutinario día a día. Su rutilante figura está consiguiendo arrinconar a las figuras donde más les duele: en su cotización. Consciente de ser quien llena las plazas, pide más dinero que el que más y si la tarta no crece, lo que se lleva uno, lo pierde otro.
Los aficionados vamos, en gran parte a las corridas de toros en busca de la aparición fugaz de la belleza, y allí dio un aldabonazo en la feria de otoño madrileña, la gran faena de Diego Urdiales, un torero movido por la fe en su capacidad, que tras años de peregrinación por ruedos y despachos dejó escrita en Las Ventas una leyenda de sentimiento. Una faena de otoño que lejos de olvidarse en la nueva temporada le ha abierto la puerta de las ferias, largos años cerradas para él.
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Pero sin duda la gran revelación ha sido Pablo Aguado, un torero al que se seguía con cautela esperanzadora, a la vez que temerosa, en búsqueda de su revelación, hasta que la gracia se posó en él. Cafetero de Jandilla trajo en sus cuernos al ángel, que convierte el brutal enfrentamiento entre un hombre y un animal en un prodigio de belleza y plenitud.
Hay más, mucho más. Por primera vez en años brotan las buenas faenas. Por el palo del arte además del empaque clásico de Urdiales y el ángel derrochador de Aguado, apareció en Madrid el domingo de Resurrección, el duende de Juan Ortega, torero irregular y desgarrado que dará que hablar.
Emilio de Justo está intentando el difícil salto desde las corridas duras, encorsetadas en una especie de serie B del toreo, como las viejas películas de bajo presupuesto en blanco y negro de los años 50 y 60, a los carteles de ferias a base de un conocimiento, entrega y buenas maneras, curtidas durante años en el ostracismo de los toreros perdidos, pero no olvidados, y tantas veces rescatados, por la gestión de aficionados en las plazas toristas francesas.
Octavio Chacón parece sentirse a gusto en esas corridas interesantes para los aficionados, que lo son por la entrega sin cuento de los toreros, tras una larga travesía por las plazas perdidas del Perú y su rescate en las corridas de mucha leña y poca paga.
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Viejos toreros renovados como Ferrera que llenó de torería la tarde de Zalduendo, Ureña que demostró con su faena a Empanado de Victoriano del Río que está dispuesto a escalar a la cima pasando por encima de su pérdida del ojo, un valiente como Román con gran proyección popular, un exquisito como Curro Díaz, junto a una nómina de más de una veintena de toreros que se anuncian en las ferias abren las puertas a la esperanza del relevo, que se materializa en tres aspectos fundamentales.
·       Revalorización de las corridas interesantes y de los toreros que se enfrentan a ellas. La trilogía de albaserradas de Madrid marcó la importancia de la casta como el futuro del interés del toreo.
·     Mayores dosis de bravura con codicia, lo que han venido a llamar con carbón, en algunos toros de divisas tradicionales de las preferidas por las figuras, que les compromete en las ferias importantes.
·      Aparición de toreros que llevan a las plazas el interés renovado del público, sea por su valor y decisión o por estar en la veta buena del arte de torear, del lado del empaque, de la gracia o del duende.
Todo ello hace que la ecuación imposible de solucionar del aficionado a los toros, que disfruta con el toro duro, el torero frágil y el toreo puro, esté más cerca de proporcionar grandes tardes y memorables momentos de emoción e interés, que llevaban largo tiempo olvidados en manos de la rutinaria repetición de las ajadas figuras.
Alegrémonos porque el futuro ya llegó, el futuro ya está aquí.

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