100 tertulias de Jordán se han cumplido desde que, en noviembre de 2013, dimos forma a una reunión mensual de un reducido grupo de aficionados con un protagonista del mundo de los toros. Salvo el paréntesis impuesto por la maldita pandemia, este grupo hemos mantenido todos los meses, excepto los vacacionales julio, agosto y diciembre, el compromiso, ameno y cautivador compromiso, de hablar de toros. El paso del tiempo nos ha traído hasta la Tertulia que hace el número 100 y, a modo de celebración, hemos invitado a la misma al maestro César Rincón.
Más que una invitación ha sido un homenaje a un torero que
para los aficionados de Madrid ha representado los mejores valores de la Fiesta
de los toros. Integridad, respeto a su profesión y al público, entrega,
decisión, una personalidad afable, sin aristas y que aplica en la vida el
temple torero, que tan necesario resulta para desenvolverse también fuera de
los ruedos.
Su historia taurina es suficientemente conocida e, incluso la comentamos en esta misma Tertulia donde fue el invitado del mes de abril de 2014, en la 5ª Tertulia, cuando acudió acompañado de quien fuera su apoderado Luis Álvarez. Sus cuatro puertas grandes consecutivas en 1991, las dos posteriores y la cumbre de la faena a Bastonito están en el recuerdo y las conversaciones de todos los aficionados veteranos y en la historia misma de la Fiesta.
La sorpresa de la reaparición para el festival pro-monumento a Antoñete, donde volvió a mostrar su concepto del toreo de distancia y mando poderoso y suave a la vez, que dejó lágrimas en los ojos de viejos aficionados que revivimos tantas faenas que nos emocionaron en su momento, fue eje de la conversación. La oportuna llamada de Morante quien, como es sabido, le llamó cuando Rincón estaba acabando el Camino de Santiago, que recorrió para encontrar la paz de espíritu perdida tras la prohibición de las corridas de toros en Colombia. Las dudas del maestro tras tantos años sin torear, convencido más por el motivo del festival y el ejemplo de Curro Vázquez que por el mismo Morante a quien, curiosamente, nunca llegó a dar su aceptación formal. La dura preparación que continúa para su medida vuelta a los ruedos en festivales en Colombia y en este mes de junio en la localidad francés de Istres. La satisfacción de mostrar su forma de torear a los nuevos públicos.
La situación en Colombia con la prohibición estricta que se hará realidad en el verano de 2027 y la progresiva decadencia que la ha precedido, desde la primera prohibición de las corridas en la plaza de toros Santamaría de Bogotá por el entonces alcalde Gustavo Petro, posteriormente anulada legalmente, pero vuelta a prohibir mediante una ley en el Congreso, le lleva a amargas reflexiones. No tiene reproches, pues afirma que él, quien ha sido un torero muy castigado por los toros, para poder seguir toreando ha tenido que olvidarse de las cornadas para que no se le desgastara el valor y que el mismo tratamiento ha aplicado en la vida. Sin embargo, cree que la Fundación Toro de Lidia y todo el sector debía haberse implicado en la defensa de las corridas de toros en Colombia, pues las propias fuerzas de la tauromaquia colombiana eran escasas para defenderse de los ataques gubernamentales. Una vez que se consume la prohibición, revertirla será una tarea titánica y pone como ejemplo la situación de Cataluña donde se ha anulado la prohibición legal, pero no se han vuelto a dar corridas.
César Rincón ha sido el torero que ha encarnado en sus faenas
los conceptos más caros a los aficionados. Dar distancia a los toros, cargar la
suerte, rematar atrás, entender la lidia como necesidad y belleza, conjugar el
dominio y la estética, dominar al toro, ligar los pases. Todo lo que sabemos
que debe ser y vemos que puede hacerse. Con el riesgo que está siempre presente
y el torero lo salva mediante la suerte. La suerte que en la lidia representa
tanto al azar como a la técnica, ambas imprescindibles para el buen toreo.
César Rincón representa lo mejor del toreo y en la Tertulia de
Jordán hemos querido mostrarle nuestro respeto y admiración homenajeándole en
la Tertulia nº 100. Gracias maestro.
Fotos de Andrew Moore








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