Me envía este artículo para su difusión Antonio Purroy, Catedrático de Producción Animal de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y organizador de las Jornadas sobre Ganado de Lidia y Tauromaquia de Pamplona que han alcanzado este año la XIV edición.
Aunque han pasado más de dos semanas desde la Feria del Aficionado, el
artículo tiene un indudable interés que trasciende la actualidad.
Lo vivido el
sábado 25 de abril en la Feria del Aficionado 2026 (Club Taurino 3Puyazos) supone
un punto y aparte en el imaginario de la tauromaquia actual. Dos encastes
fundacionales del toro de la raza de Lidia, Casta Navarra y Vazqueña, se vieron
las caras -y qué caras- en un desafío ganadero inédito desde al menos 150 años.
Como diría el clásico “la historia nos
contempla”.
La presentación de los animales fue un
verdadero espectáculo en sí mismo y justificaba el viaje a San Agustín de
Guadalix (Madrid). Los tres toros vazqueños (Prieto de la Cal) fueron muy
parejos, jaboneros claros de capa y gran remate muscular. Los tres de Casta
Navarra (Miguel Reta) venían directamente del siglo XIX: desiguales y variados
en capas y hechuras, entre colorados y castaños chorreados, cabezas muy
agresivas y con romana generosa. Todos los toros fueron duros y correosos, con peligro,
no obstante, ofrecieron posibilidades en el último tercio que fueron bien aprovechadas.
Los tres espadas, Sánchez Vara, Joselillo y Fco. Montero, verdaderos héroes
contemporáneos, cumplieron honrosamente con salir andando de la plaza, chapeau; llamaba la atención la gran
cantidad de aficionados venidos de Francia.
Los toros lidiados poco tienen que ver
con el toro moderno que predomina en la mayoría de las plazas que, por lo
general, es muy noble y predecible, justo de casta y de fuerza y que apenas
necesita pasar por el fielato de la suerte de varas. En la Feria del
Aficionado, sin embargo, esta suerte se convierte en religión, son obligatorias
al menos tres entradas al caballo, la colocación de la puya debe ser la
correcta, delantera y arriba, y la intensidad del castigo también, pues se
valora más el cómo que el cuánto dentro de la belleza en su conjunto; proteger
y defender al toro es primordial.
La suerte de varas es capital para
poner en marcha el mecanismo de secreción neuroendocrina para la superación del
estrés y del dolor de la lidia, así como para atemperar la embestida del animal,
especialmente, de cara al último tercio. Se trata de conseguir que el animal
transite por los tres tercios de la lidia con una euforia emocional positiva.
Al toro hay que cuidarlo durante la
lidia, pues es un gran colaborador no un enemigo. Son conocidas las broncas que
propinaban las antiguas figuras del toreo a sus picadores durante las cenas, en
aquellos restaurantes de carretera, algo lóbregos, los días que no habían
realizado la suerte de varas correctamente y les dejaban un animal
impracticable con el que no se podía triunfar, la bravura la convertían en
genio -cabreo- difícil de dominar.
Este tipo de corridas exigentes cada
vez son más frecuentes tanto en España como en Francia, a las que acuden
aficionados a la búsqueda de la historia del toro bravo que ofrece emoción
porque existe riesgo, que no impide que también pueda surgir el arte aunque más
arriesgado y desgarrado.
Una de las grandezas de la tauromaquia
es poder elegir entre las corridas convencionales y las duras, en estas últimas
el toro adquiere un mayor protagonismo y el torero un mérito más reconocido. Pero
ojo, porque algo está cambiando, ya que cada vez se ven más toros bravos de
verdad de las ganaderías consideradas comerciales, por algo será. Tenemos que
respetar al toro y la manera de hacerlo es criando un animal bravo con una
nobleza encastada, así podrá cumplir en los tres tercios de la lidia y, lo que
es más importante, podrá poner en marcha antes y con más intensidad el citado
mecanismo neuroendocrino para bloquear y superar el dolor (divisa y puya), es
la mejor manera de ayudar al animal.
En la tauromaquia tiene que caber todo
tipo de encastes y de corridas, es más, son necesarios si queremos que
persevere tanto tiempo como hasta ahora, la diversidad prolongará su
existencia. Enhorabuena a 3Puyazos y otras entidades comprometidas por poner en
marcha estas iniciativas que nos retrotraen al pasado y afianzan el
futuro.
Antonio Purroy Unanua
(Catedrático de Producción Animal)


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