lunes, 21 de diciembre de 2015

HERRADERO EN VICTORINO MARTIN (II). EL IMPRESCINDIBLE MUECO

Pilar Martín, veterinaria, de la tercera generación de ganaderos, cotejará con el facultativo correspondiente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia los datos de cada animal, mientras en el moderno mueco, sujetan al becerro para ponerle las cinco marcas candentes, seguidas de una loción de aceite para ayudar la cicatrización. 

Pilar Martín

Untar de tintura de iodo los cuernos previene posibles enfermedades, una papilla antiparasitaria, una jeringuilla de saneamiento veterinario, se añaden a los hierros en la misma operación. La grabación en vídeo documenta el trabajo y permitirá también obtener espectaculares imágenes de  los toros. Todo dirigido en mono de faena por Victorino hijo y con la presencia de su padre quien, aun mermado de facultades, no deja de asistir a las faenas camperas.



Aplicando los diferentes tratamientos

Una mezcla de mundos, tan usual en los toros y tan rara en la sociedad. Faenas camperas, trabajos rurales, esfuerzo familiar, van unidos a un trabajo sanitario riguroso, un control administrativo eficiente, una documentación gráfica completa. La ganadería es una explotación moderna hecha en el campo de siempre. “Este es hijo del 3 y la 37” afirma Victorino, cuando llega un macho al mueco. “Efectivamente” replica Pilar, mientras le da número de orden y comprueba en los papeles, que comparte con el veterinario de la Unión, el crotal donde figura el nacimiento e historial, antes de clavar ella misma la jeringuilla de saneamiento, mientras el resto se aplican a su tarea claramente definida, que cumplen con rigor industrial.

Victorino Martín García

El mueco, fea palabra, siempre remite a un instrumento de violencia, a tiras y aflojas de cuerdas, a imágenes en claroscuro al amanecer, al denostado afeitado de los pitones, no por denunciado menos habitual, a mugidos de protesta e imprecaciones de vaqueros. La necesidad del manejo, tan habitual de los toros bravos, que los introduce en una suerte de domesticación tan separada de la idílica vida salvaje que supuestamente tendría y que remite a una actividad ganadera más reglada, hace del mueco un instrumento imprescindible, donde el eufemismo “cajón de curas” cobra su sentido. 

El funcional mueco

Saneamientos rigurosos y habituales, el propio herradero, las fundas para los pitones en las ganaderías que las usan, obligan a que el mueco sea cómodo y recio, funcional en definitiva. Paredes móviles, ventanas correderas y abatibles, fijaciones  fiables, anclajes seguros, muestran una vez más la contradicción aparente y la confluencia real entre las labores mecanizadas y la ganadería rural.

Los hierros calentándose

Aplicando el hierro de Monteviejo a Cidrón-53

Incluso es posible una pequeña incursión de los neófitos, poniendo el hierro de la ganadería, apadrinando a un becerro. Andrew lo hará con Gambito-54 y yo apadrinaré a Cidrón-53, a los que esperamos ver lidiar en unas temporadas próximas.
Corriendo a la dehesa

La comida en la mesa común, presidida por Victorino, después de cotejar papeles y datos entre los veterinarios, es el último acto, tras la que todos se dispersaran a sus trabajos cotidianos, entre los que el herradero ha sido un breve paréntesis. (cont.)

Acabando la faena

Reportaje fotográfico de Andrew Moore
(cont.)


2 comentarios:

  1. Vaya día guapo que echastéis. Hay que seguir la pista a ese Cidrón-53...


    Un saludo, Pedro

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  2. Es un compromiso con Cidrón-53 y Gambito-54 seguirles en su recorrido y además, contarlo.
    Por lo menos no nos tenemos que encargar de su manutención, es un apadrinamiento suave, je je.
    Felices fiestas y mejor 2016, Pedro
    Un abrazo

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