domingo, 20 de noviembre de 2016

BALTASAR IBÁN, UN DEPÓSITO DE CASTA

El suave golpeteo de las pezuñas sobre la arena se va convirtiendo en un movimiento rítmico, que rompe el silencio, conforme la vaca galopa hacia el indolente caballo de picar. Parar con la pica, dosificar el castigo y pedir que acuda el matador a sacarla. Una vez y otra, mecida por la concisa voz del mayoral, ¡Eeh, vaaaca!, Santanera realizará hasta cinco embestidas de lado a lado de la plaza, donde es llevada tras presurosa carrera para sacarla del peto y ponerla en suerte, sin apenas capotazos, por la experta mano de Luis Miguel Encabo. Ilustre nombre el de la vaca, de la misma reata que el primer toro con el que César Rincón abrió la puerta grande de Madrid en 1991 y del novillo indultado en Arnedo en 2011.

Santanera acude al caballo del mayoral Domingo González,
tras ser puesta en suerte por el matador Luis Miguel Encabo

 Cerca de treinta metros, me dice un compañero de ojo experto, tiene el ruedo de la plaza de tientas, lo que quiere decir que la vaca debe galopar veinte metros hasta el caballo donde recibirá su castigo. Así una y otra vez, hasta cinco veces una erala y cuatro la siguiente, un buen número que indica la búsqueda de la casta en la ganadería de Baltasar Ibán.

Santanera con Luis Miguel Encabo

La tienta es, como sabemos, una sencilla prueba de bravura donde los detalles son lo importante. La fijeza, señal imprescindible de la bravura, la entrega, la codicia, son vitales, como también lo son el tipo, la reata y en última instancia, esa cualidad indefinible que es el ojo de la ganadera basado en su experiencia y, también, en su esperanza.
La ganadera Cristina Moratiel dirige la tienta desde el palco,
donde la acompaña Jesús Fernández, presidente de la UATM

Por eso las sensaciones del silencioso espectador no son las mismas que en una corrida en la plaza, donde se demuestra el acierto en la selección de casta y bravura. Es una prueba a cara o cruz para la vaca, donde se juega, literalmente, la vida, pero aquí las variables que condicionarán la aprobación no están completamente a la vista. La mayor acometividad de una, la mayor entrega de otra, la fuerza, la notable resistencia, el castigo recibido, el contraste entre la experta mano del matador y los titubeos de los novilleros que entran en liza para foguearse, son detalles que se aprecian desde el discreto tendido sin que puedas asegurar la decisión final, que queda en manos de la ganadera y su mayoral, sopesando variables que el aficionado no llega a conocer en toda su extensión.  


Barbera acude al caballo y mete la cabeza 
embistiendo a las telas de Luis MIguel Encabo

La charla con la ganadera, al calor del sol de otoño, completará la interesante información, acerca de las diez familias existentes en la ganadería, los diez o doce sementales que están padreando, la renovación de las madres cercana al 10% por temporada, la esperanza en la cruza con sementales de Pedraza de Yeltes y la confianza en la casta como el fundamento de la vacada, son tan relevantes como algunas de las que se quedan en el tintero, pues no se puede abarcar una ganadería en una visita.



Un privilegio contemplar la ganadería de Baltasar Ibán, un depósito de casta a las puertas de Madrid, protegida por la mole del monte Abantos y a la vista del Monasterio de El Escorial. La visita organizada por la Unión de Abonados y Aficionados Taurinos de Madrid (UATM), consistió en la tienta de las eralas Santanera y Barbera y un paseo en tractor por el prado donde pastan los utreros que forman la camada de toros de saca del año próximo.



Las dichosas fundas, económicamente necesarias. Los hierros en el costado izquierdo, costumbre debida a la ubicación de la manga de los corrales que obliga a ello. Las capas salpicadas tan inusuales en la ganadería hace unos años. Curiosidades que entretienen la visita tanto como el soleado día y las bellas panorámicas visuales. El amable recibimiento realza el espectáculo de la casta, fundamento mismo de las corridas de toros, sin el que todo lo anterior carecería de sentido.

Camarín recibió numerosos premios en 2016

Alberto Aguilar con Camarín

Sartenero lidiado por Serafín Marín 
en San Isidro de 2015

Mejicano, otro toro de ilustre reata,
embiste al caballo de picar en 2014

Reportaje fotográfico de Andrew Moore

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