miércoles, 1 de febrero de 2017

MIGUEL DE MIGUEL. IN MEMORIAM

Nos encontramos a principios de los 80 en los altos del 7. Miguel estaba en la delantera de grada justo en la localidad encima de la mía en la fila 27. En los 90 cuando empecé a publicar artículos en DIARIO 16, caímos en la cuenta de que teníamos el mismo apellido y empezamos a llamarnos primos entre nosotros y seguramente lo fuéramos, pues nuestros abuelos venían de Hontoria del Pinar, pueblo en tierras de Burgos cercanas a Soria.
En los altos del 7 en la feria del 2010,
con una flecha blanca Miguel de Miguel
Foto de Eduardo de la Cruz

En la olla de gritos (muchos) y susurros (pocos) que era la plaza de Las Ventas y especialmente el tendido 7 en aquellos años, la voz de Miguel era amable e ingeniosa. Formaba parte de ese reducto que dimos en llamar “los altos del 7”, en el que coincidíamos periodistas, políticos, intelectuales, sindicalistas, policías, profesores y demás gente de mal vivir, que situados entre la poderosa protesta del tendido bajo y la agria crueldad de la grada, tenía una reflexión y expresión más agradable, aunque no exenta de crudeza.
El tendido 7 visto por Gallego y Rey en 1987

Como buen aficionado de Madrid, había nacido en otro sitio, en concreto en La Rioja, y hacía honor a su tierra apareciendo de vez en cuando, con unas botellas de vino de la zona, que contrastaban con el áspero vino, mejorado con gaseosa, que traíamos en nuestras botas para trasegar el enjundioso bocadillo que nos apretábamos tras el tercer toro. Bocadillos que tarde tras tarde nos guardaba debajo de su asiento para entregarlos a su debido momento con su grito de “Pásame el menú”.
Crepúsculo en Las Ventas


La mala salud se cebó, llevándose a su mujer Pilar a finales de siglo y dejándole los pulmones tocados hasta necesitar un trasplante. Nunca dejó de venir a los toros, ni cuando tuvo que moverse con su bombona de oxígeno antes del trasplante. Tras su operación vivió unos años espléndidos, disfrutando de su vida renovada y transmitiendo la alegría un tanto ácida y refrescante de que hacía gala en los toros. Un disfrutón, eso era y eso fue mientras pudo, hasta que las fuerzas le abandonaron el lunes 30 de enero. Descansa en paz, primo.

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