lunes, 6 de junio de 2016

LA BELLEZA BRAVA. SAN ISIDRO 2016

La belleza basada en la emoción del dominio del torero frente a la agresividad del toro es la máxima aspiración de los aficionados a los toros. En el año en el que se cumplían 25 de la aparición luminosa de César Rincón en Las Ventas, la belleza apareció de la mano de Paco Ureña en su faena a Ojibello de El Torero. Fijar la posición en rectitud del toro, obligarle a desviar la embestida, rematar el muletazo detrás del torero y hacerlo con decisión y gusto, es lo que algunos vamos buscando en las muchas tardes que nos sentamos en los incómodos tendidos de las plazas de toros.
La belleza en la faena de Ureña a Ojibello-40 de El Torero
Camarín-37 de Baltasar Ibán, noble y bravo

La nobleza brava de Camarín, el Baltasar Ibán que lidió Alberto Aguilar, marcó el listón de la bravura en una feria en la que hemos disfrutado la nobleza codiciosa de Malagueño de Alcurrucén, a quien David Mora realizó una emocionante faena en su vuelta a Madrid tras su grave lesión, y la nobleza dócil de Dalia de Victoriano del Río que propició la mejor faena de José María Manzanares en Madrid.
David Mora despide a Malagueño-1 de Alcurrucén

José María Manzanares mata, en la suerte de recibir,
a Dalia-56 de Victoriano del Río
  
Una feria con muchos ingredientes, con la presentación de Roca Rey, quien parece llamado a ocupar un lugar de privilegio. Con la tauromaquia difusa de Alejandro Talavante capaz de mucho y de nada, que dio con la tecla de Tramposo de Nuñez del Cuvillo. Con López Simón que sigue en su pelea. Con la recuperación de las ganaderías llamadas duras, que han echado toros sueltos aunque no han conseguido brillar. Con los picadores, quienes no acaban de entender que su papel en la tauromaquia consiste en ser parte del espectáculo y la lidia, y para ello deben hacer bien la suerte y repetirla cuantas veces sea preciso para mostrar la bravura del toro, sin recargar en las varas y sin destrozar al toro con sus alevosos puyazos traseros. La aparición de la bravura asilvestrada de Saltillo, permitió vislumbrar como serían los toros de hace más años de los que muchos llevamos asistiendo a la plaza. El homenaje a Victorino Martín fue la reafirmación de la importancia de la casta brava, en la persona que lo ha representado desde la segunda mitad del siglo XX.
Victorino Martín Andrés recibe el brindis de El Cid
y el homenaje de la afición en Madrid,
en el 50 aniversario de la creación de su ganadería

El público disfruta con la noble docilidad de los toros y las figuras de proyección mediática y los aficionados pedimos bravura encastada y toreros que la dominen. La tensión entre estas dos maneras de entender la tauromaquia, puede ayudar a dinamizar la fiesta de los toros y que encuentre la aceptación social que merece o puede disolverse en un espectáculo vacuo, estigmatizado como perteneciente al pasado y rechazado por los jóvenes, o peor aún, anclarlo en un bando de la política enfrentado, por lo tanto, a otros y sometido a los vaivenes partidistas o ideológicos, como parece que les gustaría a algunos que, henchidos de patriotismo ful, no paran de gritar vivas a España en la plaza, como si eso resolviera algún problema de España o de la tauromaquia.
Escribano-33, el impresionante Miura de la última corrida de la feria

Fotografías de Andrew Moore


1 comentario:

  1. Coincidimos con su resumen sin duda. Hay una sensación como de encrucijada. Sin duda debe volverse a los toros vistos a partir del toro, llegando al torero capaz de dominar al toro toro, sin "echar" de la fiesta aquello que no encaje con las ideas preconcebidas, que seria quitarle toda la variedad y el element de sorpresa. Falta esa figura con poder para torear distintos tipos de toros y romper los compartimentos estancos. Veremos a ver.

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