La corrida de Victorino proporcionó argumentos para dos aspectos de la tauromaquia. La tauromaquia del toro bravo, encastado, como Pastelero-20, que sigue la muleta pero intentando desbordar al torero, que sólo se entrega ante el dominio y que el dominio sólo se alcanza mediante el riesgo. La otra tauromaquia, la del toro noble, como Murmullo-75, que sigue la muleta sin poner en ningún aprieto al matador, siempre que este sea capaz de dominarle con oficio. Pastelero-20 toro bravo y encastado, acometía con fiereza y nobleza Murmullo-75, toro bravo y noble Ureña firmó la tauromaquia del riesgo, de la entrega, de la decisión y de la grandeza. Ya demostró en un quite por gaoneras al noble segundo toro, que venía a por todas y frente a Pastelero-20 firmó una gran obra. Lo consintió en las dos primeras series por la derecha, perdiéndole pasos pero sin dejar el sitio bueno frente al toro en cada arrancada. Desengañado tras estas dos series, firmó otras dos de gran pureza ...