Las tres corridas de Albaserrada han sido un muestrario de la casta brava y el irrenunciable interés y necesidad de la misma para el futuro de la corrida de toros. Sin entrar en definiciones completas y complejas, la casta es lo que se separa de la docilidad. Acompañará o no a la bravura, pero permite fijar el carácter del toro de lidia. La singularidad de la corrida de toros estriba en el dominio de la imprevisibilidad de la embestida del toro y la creación de la belleza en ese dominio, que para su creación el artista pone en riesgo su vida. Esa singularidad es, probablemente, lo que la marca como un espectáculo radicalmente moderno y la justificación de su persistencia. Como dice Luis Francisco Esplá: “No hay ningún otro material artístico que ponga problemas al artista”. Fernando Robleño, Gómez del Pilar y Ángel Sánchez, lidiaron con brillantez y exposición una encastada, interesante y fiera corrida de José Escolar Me declaro totalmente contrario a l...