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CENTENARIO GALLITO

El jueves 28 se presentó la Agenda Taurina 2020 en la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid, con la presencia de la Presidenta de la Comunidad y la Consejera de Presidencia entre otras autoridades.
Esta edición está dedicada al Rey emérito de España, Juan Carlos I y a José Gómez Ortega, “Gallito” en los carteles y Joselito en la prensa y la vida de su época, el “rey de los toreros”, en conmemoración del centenario de su muerte en Talavera de la Reina. También está dedicada a Olivenza, San Clemente y a numerosos protagonistas de la fiesta.
Andrés Amorós, glosó la figura de Joselito, a quien se le dedican cinco artículos en la Agenda y yo hice la presentación de la iniciativa del CENTENARIO GALLITO, con la que se pretende conmemorar al torero, organizador, reformador e impulsor de la tauromaquia del siglo XX que la ha permitido llegar a nuestros días.
Iré publicando en sucesivos días los cinco artículos de la guía, que han sido ilUstrados con fotografías seleccionadas por Manuel Durán.
Presentando el CENTENARIO GALLITO
en el acto de la Agenda Taurina 2020
Foto de Joaquín Antuña

RAZONES DE UNA CONMEMORACIÓN ¡VIVA GALLITO!

Cien años hace de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina, en los cuernos del toro Bailaor. Es conveniente y necesario recordarlo, pero al plantearnos la conmemoración, la primera pregunta que se nos ocurre indaga en los motivos. ¿Por qué conmemorar el centenario de esa muerte tan lejana, de un torero tan distinto a los que conocemos, protagonista de una fiesta que ha cambiado tanto, hasta ser prácticamente irreconocible en las películas de la época, con respecto a los modelos actuales? ¿No hay motivos y momentos más felices para recordar?
Lo celebramos, lo recordamos, precisamente porque no es tan distinto a lo que ahora vemos. Si somos capaces de rascar sobre la superficie de las viejas películas en blanco y negro, de velocidades increíbles y con suertes de escaso reposo, veremos el toreo actual en todo su esplendor, despojado de la calma actual y marcado por una viveza de reacciones que en estos momentos es sorprendente y necesaria.
La vida, la trayectoria taurina, el significado histórico está analizado en esta agenda por grandes y competentes aficionados, y yo me voy a referir a la importancia de su figura para el toreo de hoy.
Joselito significa la innovación, la ilusión, el clasicismo, la difusión de la tauromaquia en la sociedad y también la entrega a su profesión, la superación de su arte, la organización del espectáculo y todo ello sin eludir el riesgo que fatalmente se haría realidad en la plaza de Talavera de la Reina.

El artículo en las páginas de la Agenda Taurina 2020

Vivimos momentos de cambio en la sociedad. Nuevas formas de vivir, de entender las relaciones sociales y personales, nuevos desafíos y nuevas diversiones. La tauromaquia se ha reinventado en numerosas ocasiones y no otra es la necesidad actual, y allí es donde el ejemplo de Joselito es pertinente.
La innovación es necesaria en todas las actividades y más aún en una actividad en la que el espectáculo es un componente esencial. La innovación que plantea Joselito en su vida taurina es completar y definir el corpus clásico del toreo. Todo clasicismo tiene su barroco y ese barroco tiene el germen de su rococó y allí estamos ahora. Innovar es plantear el clasicismo en la situación actual, no es volver a los saltos y quiebros, ni quedarse en la previsibilidad de la nobleza estéril, del toro seleccionado para evitar la agresividad.
Repetimos hasta la saciedad que la sociedad tiene nuevas formas de relacionarse y divertirse, numerosas opciones de ocio, pero a veces olvidamos que muchas de esas opciones se han tenido que reinventar sobre sus antiguos espectáculos y no está de más recordar la evolución de la inserción social del fútbol o los cambios en los hábitos de ver cine. Otros son nuevos debidos a la irrupción de la tecnología digital y han tenido que sobrevivir entre una numerosa competencia. Joselito  entendió los cambios de su época y propició los nuevos recintos donde acudir a ver las corridas de toros, además de entroncar con los gustos de la época en la nueva selección de la bravura.
La corrida de toros es una mezcla, confusa si se quiere, de espectáculo y por tanto negocio, rito pagano y por consiguiente expuesto a la denuncia de herejías, y cultura y por ello sometido a los vaivenes del gusto. El núcleo fundamental por lo que ha sido denostado a veces y ensalzado la mayoría del tiempo es por su capacidad de forjar la imagen del héroe. En un vaivén clásico socialmente, se ha pasado, en unos pocos años, de ensalzar al torero como héroe que crea su arte en un espectáculo en el que no está ausente el riesgo físico del protagonista, a estigmatizar a la corrida de toros y sus seguidores.
Precisamente Joselito, “Gallito” si se quiere, es ese ejemplo acabado que unificó en su figura la representación de los distintos vectores que inciden y conforman la corrida de toros. Entendió el espectáculo que necesita crear repetidamente un acontecimiento a hora fija, para lo que influyó en la selección del ganado, amplió la base social de los espectadores con la creación de las plazas monumentales, apoyó la difusión de las corridas de toros con los nuevos medios visuales, apoyando decididamente la grabación cinematográfica de las mismas. En definitiva difundió de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo un espectáculo abierto a las mayorías sociales.
Esta difusión estaba basada en el respeto del riesgo que da fuerza a la imagen del héroe. La gloria que acompaña al héroe está basada en la asunción del riesgo. El riesgo no se tiene que materializar necesariamente, pero tanto hace un siglo, cuando recordemos no existían los antibióticos, ni la medicina tenía el actual conocimiento y cualquier herida podía ser mortal con la aparición de la infección, como actualmente, cuando hemos tenido ejemplos recientes en los que el peligro del toro se ha materializado llevándose por delante la vida del torero, la importancia determinante del papel del torero es representar al héroe que arriesga su vida de manera gratuita para crear una emoción estética para los aficionados y un espectáculo para los asistentes ocasionales.
Gallito en un descanso en la plaza de toros de Barcelona

Al mismo tiempo que actualmente se detecta un aumento de la edad media de los asistentes a las corridas de toros, se está produciendo una incorporación de jóvenes de las generaciones actuales que pueden significar un relevo para la envejecida afición y que resultan atraídos por un espectáculo que a primera vista es arcaico y, por tanto, sincero, y que resulta ser radicalmente moderno, en tanto que el artista creador se compromete con su arte hasta el punto de arriesgar su vida en su creación.
Este es, sin duda, el motivo por el que debemos conmemorar el centenario de la muerte de José Gómez Ortega “Gallito” en la plaza de Talavera de la Reina, porque fue capaz de elevar el arte de torear a la cumbre del clasicismo, como base para la renovación, consolidación y difusión de las corridas de toros. Todo ello con el completo compromiso personal con su arte, que le condujo, de manera sorprendente para sus seguidores, a su propia muerte en el ruedo.
No hay mejor epitafio que el que le dedicó Gregorio Corrochano, el gran cronista de la edad de toro de la tauromaquia: “¿Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo le mató un toro”, para definir el compromiso de un espectáculo que tiene su hueco en esta sociedad multiforme, en la que, no nos dejemos engañar por las apariencias, hay un lugar preferente para quienes se comprometen con su esfuerzo, en mostrar una de las maneras en la que la cultura hace uso de la fuerza desatada de la naturaleza para crear belleza.
Por eso es pertinente conmemorar el centenario de la muerte de Joselito.

Andrés de Miguel
Presidente de la Peña Taurina “Los de José y Juan”

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