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VISTALEGRE: AGGIORNAMENTO SIN ÉPICA

Escasos espectadores, poquísimos aficionados, toros del montón, faenas de sentimiento, altos precios, cuidada escenografía, cómodos asientos y accesos, gélido ambiente, ruina económica, sensación de fracaso. Motivos todos de reflexión que deberían ser analizados por quien corresponda y que indican que las corridas del futuro inmediato, no van a ser continuidad del ambiente pre pandemia.

Diego Urdiales recibió de capote a su primero con una templada
y continuada serie de, nada menos que, 9 verónicas rematadas con dos medias,
empezó junto a tablas y acabó en la boca de riego
Torería clásica

Como aficionado, señalar que el toreo de sentimiento se ha apoderado del escenario, los momentos de Urdiales, Aguado, Ortega y Morante han acaparado los comentarios y parabienes, los toros han sido prácticamente intercambiables unas corridas por otras, todos bien presentados, desprovistos de poder, adheridos al monopuyazo, bien lidiados, de los que se han aprovechado sus nobles embestidas y despreciado las complicadas. Salvan las crónicas, derretidas de almíbar a Ureña y Luque, y puedo dar fe de Román con los de Adolfo Martín. Tragar el paquetón de la embestida corta y el tornillazo final, aguantar los pies quietos y sacar los pases que el toro no quiere entregar, obligándole a someterse a la decisión del matador, lo hizo Román, pero la feria se recordará por los detalles del toreo de gusto del que alcancé a ver a Urdiales soberbio en su recibo al primer toro y entregado en una serie de derechazos dando el pecho a su segundo, dentro de una actuación de serenidad, belleza y clasicismo.

Román intentó torcer la voluntad del toro y solucionar sus problemas,
para meterlo en la muleta y sacar meritorias faenas

El camino de la lírica, del toreo rematado, jugando la cintura, las muñecas, de vertical compostura y naturalidad exquisita, que por momentos han protagonizado Ortega, Aguado, Morante y Urdiales, ha copado los titulares, al tiempo que las noticias han hecho abstracción de los toros, pues se necesita un toro más colaborador que fiero para estas faenas, que instaladas en el asombro excluyen el arrebato. Se buscan los momentos de inspiración y el toro que los permita, ensalzando esa calidad que solo posibilita la colaboración del animal. Colaboración, no se equivoque nadie, que no excluye el riesgo. Si me permito recordar el 30 aniversario del gran año de César Rincón, creo que se entenderá mejor la diferencia entre la lírica que tanto se ha cantado en esta feria, con la épica que llenaba el sentimiento a borbotones de las faenas de Rincón en Las Ventas.

Juan Ortega torea con sentimiento,
quiebra la cintura, lleva al toro detrás de la cadera, juega la muñeca

Planteada al estilo de una feria de capital de provincia con gran profusión de figuras, toros de ganaderías de “garantía” aunque cinqueños, los carteles han atraído a un público escaso y a un pequeño grupo de aficionados, cosechando no sólo lo que parece una ruina económica, sino una mala imagen del apego por la corrida de toros.

Pablo Aguado, la gracia que derrama la naturalidad

Las innegables mejoras de comodidad y puesta al día, un tímido aggiornamento, que han sustituido las apreturas venteñas y las tumultuosas tertulias de la salida, por espaciosas terrazas y rápidas vueltas a casa, no han convocado interesadas minorías, ni masivos públicos, con la señalada excepción de Roca Rey, que aún así no ha llenado los menguados tendidos. La pandemia ha tenido su parte, igual que los altos precios, pero se necesita algo más que unos carteles de figuras para llenar las plazas. Es imprescindible, para la supervivencia del negocio, para el mantenimiento de la industria taurina, para la subsistencia de los profesionales, enraizar los toros en la sociedad y eso, más pronto que tarde, lo tendrá que hacer el sector taurino en su conjunto y no por medio de guerrillas individuales, y sería bueno que los aficionados tuviéramos voz en ese cambio, pues los aficionados que disfrutamos con la lírica, sabemos que la grandeza de la corrida de toros está en la épica y que es la unión de las dos la que posibilita la aparición de la belleza, única justificación de la supervivencia de la corrida de toros en esta sociedad, que se pretende moderna y camina hacia la anodina uniformidad.

Paco Ureña toreando al natural con exposición

Derechazo de Diego Urdiales con la pierna contraria adelantada

El majestuoso toro de Vistalegre

Fotos de Andrew Moore

Comentarios

  1. Buenas tardes Andres. Acabo de leer tu articulo sobre la Feria de Vistalegre y me ha gustado mucho, sobre todo la distinción que has hecho sobre las dos clases de festejos que hemos visto.

    Por un lado, el arte en la plaza, con el inconveniente que supone que los toreros artistas han aprovechado los pocos toros que les servian para cumplir su cometido y hemos dejado de ver muchos toros que , creo, hubiera sido muy interesante comprobar su comportamiento y en el aspecto de la dureza del toreo hemos presenciado momentos muy emocionantes que solo cuando sale un toro bravo, encastado y con mucho que lidiar para meterlo en el canasto, nos puede deparar.
    En general yo he disfrutado, quiza tambien debido a las ganas que tanto tiempo de abstinencia taurina hemos tenido.

    Ojala esto sean los comienzos de un nuevo resurgir.

    Un saludo al grupo y a ti, Andres, gracias por tu articulo y enhorabuena tambien a Andrew por su excelente reportaje fotografico.

    Besets desde Castellon

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Irene por tu cariñoso comentario. Me alegro de que estés de acuerdo con mi interpretación, que no ha querido sino añadir un punto de vista, para reflexionar sobre el futuro de las corridas de toros. Traslado tu enhorabuena al gran Andrew Moore.

    ResponderEliminar

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