Hemos tenido la suerte de que Ferando Savater publicara reunidos todos sus escritos sobre toros, para tener la percha que nos permitiera invitar a la Tertulia a quien tiene la mente más clara de España de los últimos sesenta años.
Savater no es sólo un profesor de Ética, sino que ha
participado activamente del debate social añadiendo su conocimiento a su
ingenio y lo ha hecho cambiando a lo largo del tiempo de posición en el
espectro político, sin dejar por ello, de mantener la calidad de su pensamiento
y la lucidez de sus análisis.
El mundo de los toros se ha aprovechado de ellos a lo largo del tiempo, en concreto desde junio de 1979 que data su primer artículo en EL PAÍS hasta el 3 de agosto de 2025 en el que recuerda la corrida de Morante en Azpeitia del 31 de julio para The Objetive.
Sin ser propiamente un aficionado a los toros, como sí lo es a
las carreras de caballos, ha asistido con cierta frecuencia a la plaza y ha
definido con perspicacia el proceso de llegar a ser un aficionado a través de
la revelación de la faena soñada y la decepción endémica. Habla de Paco Camino
y Curro Romero como sus preferidos y de haber ido a Ronda siguiendo a Antonio
Ordoñez, en una juventud en la que todavía existía El Chofre en San Sebastián
donde empezó su andadura taurina y donde se mantiene fiel a la menguada feria
de Illumbe.
Ha defendido la corrida de toros como la excepción cultural en la que el héroe protagonista de la representación puede morir de verdad. La cruda realidad de la muerte hace posible que se afirme con plena conciencia la gracias de la vida.
Sin solemnidad afirma que el animalismo es disparatado, que
supone una ignorancia e, incluso una sustitución de los rural por los conceptos
urbanos acerca de la vida rural y la naturaleza. El fingimiento de la
naturaleza para hacerla al gusto urbano sustituye a la realidad y así se tiene
al toro bravo por un pacífico herbívoro, porque el toro es una fiera sin
expresión de fiereza. Los intentos de prohibición que se repiten desde
diferentes ángulos, como el actual por un pretendido informe de la ONU, cuando
es un informe en la ONU que es muy distinto, son profundamente
antidemocráticos, pues la democracia implica, entre otras cosas, convivir con
lo que no nos gusta, no sólo con lo afín a nuestros gustos o maneras de
entender la vida.
Desde la Ética ha contradicho las afirmaciones de los antitaurinos, que se basan, afirma, básicamente en dos argumentos. Lo indebido y vil de ejercer la crueldad y el derecho de los animales a ser tratados humanitariamente. La innegable crueldad de la fiesta taurina es un medio para lograr algo distinto, sea belleza plástica, exaltación simbólica o simple pasatiempo y se pregunta ¿es inmoral que un pasatiempo sea cruel? Sólo la crueldad por la crueldad, cuyo exceso o sinsentido la convierten en un fin en sí misma, merece repulsa moral. Desde antiguo sabemos que complacerse en maltratar a los animales revela mala índole, pero nadie conoce más que el aficionado la diferencia entre maltratar a un toro o lidiarlo como es debido. No hay que olvidar que maltrato es no tratar a los animales de la manera acorde con el fin para el que fueron criados. También habla de la barbarie compasiva que intenta sustituir la ética por la compasión. Conceptos claros y evidentes que ha ido tratando en sus diferentes trabajos.
Su Ética para Amador ha vendido más de un millón y medio de ejemplares, ha sido un libro fundamental en la formación de varias generaciones, que tal vez, se acercan ahora a las corridas de toros y que podrán leer en su obra taurina dilatada en el tiempo y más aguda que extensa, suficientes argumentos para asistir confortablemente a las corridas de toros.







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