LA TAUROMAQUIA ES UN PATRIMONIO COMÚN DE LOS ESPAÑOLES Y NO SÓLO DE LOS AFICIONADOS. ENEKO ANDUEZA EN LA TERTULIA DE JORDÁN.
Un hombre listo, capaz, buen conversador y gran aficionado, es la impresión que deja Eneko Andueza, en la vida oficial Secretario General del PSE-EE (Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezquerra), quien ha escrito el libro “Los toros desde la izquierda” donde realiza un recorrido por la participación, y defensa de la Tauromaquia desde la izquierda política a lo largo de la historia reciente, con la intención de mostrar la defensa de la afición desde una perspectiva progresista. También ha publicado “Dolores Aguirre, palabra de ganadera” en el que describe la biografía de la ganadera vizcaína y la historia de su ganadería con una visión de aficionado integrista.
Con la reciente ILP (Iniciativa legislativa Popular) “No es mi cultura” que pretendía retirar la consideración legal de la Tauromaquia como patrimonio popular en octubre de 2025, trabajó para conseguir la abstención del Grupo Parlamentario Socialista (PSOE) en su toma en consideración, parando así lo que habría sido un problema importante para la continuidad de las corridas de toros.
Gran conocedor del sector taurino, en su conversación
distendida y franca y abundante en argumentos, se sorprende de la falta de
estructura del sector, que como cualquier otro sector económico, debería tener
un organismo que defendiera sus intereses globales para su supervivencia como
industria. Afirma que actualmente no hay información actualizada de su
importancia económica, de su aportación al Producto Interior Bruto (PIB), de su
aportación de IVA, de los empleos directos e indirectos que proporciona, de la
riqueza inducida por los festejos taurinos, en fin un sector atomizado,
inmaduro, sin inversión de futuro ni en I+D que difícilmente aprovecha su
potencial. Comenta a modo de ejemplo que en Aragón TV, las tarifas más caras de
publicidad son para los anuncios que se emiten durante la retransmisión de las
vaquillas populares de las fiestas del Pilar, lo que podría ser una poderosa
palanca para la difusión de la Tauromaquia.
Durante la pandemia que tan dañina resultó para el sector taurino hubo problemas para encontrar un interlocutor en la Administración y entiende que el único organismo que la defendió fue la Fundación Toro de Lidia, quien también se movilizó para detener la ILP. Reconoce el papel de los aficionados en la defensa de la Tauromaquia, pero afirma que los aficionados tenemos una responsabilidad compartida, pues los actores económicos son los que deben asumir el peso de la defensa hacia el futuro.
Cree que se deben buscar argumentos en el día a día que permitan anclar en la sociedad actual el nuevo acercamiento de los jóvenes a los toros y debe hacerse sin restringir la asistencia a los toros a un paquete sociopolítico, sino mostrar que es transversal a la sociedad. Para ellos deben encontrarse argumentos sólidos, pues comenta que el llamado argumento cultural con referencia a los personajes culturalmente relevantes que han defendido la corrida de toros está muy manoseado y que el argumento emocional genera excesiva controversia, puesto que a una emoción se contrapone otra sin llegar a una solución y que se deben buscar argumentos racionales y de respeto, pues la Tauromaquia es un patrimonio común de la cultura española y no sólo de los aficionados.
Es partidario de los acuerdos transversales y pone como ejemplo la defensa del presidente del Partido Popular (PP) de Zaragoza de unas condiciones favorables para la plaza de toros que cierra la temporada taurina y recuerda que la abstención del PSOE en la ILP lo defendió una diputada por Extremadura que no es aficionada a los toros, pero que entendía que son un valor cultural, económico y político.
Muchos más temas se comentaron en una conversación rigurosa y distendida, tal como la consideración ecológica, el acercamiento de numerosos jóvenes, el recuerdo de Fandiño, vasco de Orduña donde tiene un reconocimiento cicatero, la decadencia de las ferias en el País Vasco, la multitudinaria asistencia a los festejos populares, el papel de los nacionalistas en contra de las corridas de toros, negando su propia historia y, cómo no, la defensa de la corrida de toros como una actividad cultural vanguardista y transgresora que une la tradición y la historia con la apertura a un futuro esperanzador.








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