Relajado, con la tez morena propia de permanecer largo tiempo
al aire libre, alto, con aspecto y voz de galán maduro cinematográfico y dueño
de una amena y enjundiosa conversación, Tomás Prieto de la Cal expresa sus
ideas de la ganadería brava que son las propias de un ganadero romántico, como
aquellos que relataba Luis Fernández Salcedo.
Propietario de una ganadería de un encaste único y que fue tan
importante a finales del siglo XIX hasta principios del XX, cuando acechado por
los nuevos gustos de la corrida de toros y por su propio desinterés en la
ganadería brava el XVI Duque de Veragua se deshizo de la ganadería en 1928 que
llegaría a manos de Juan Pedro Domecq Núñez de Villavicencio, quien haría desaparecer
dicha sangre en su ganadería. Prieto de la Cal mantiene incólume el encaste de
Veragua en su morfología y comportamiento, sin cruzar, al igual que hicieran los sucesivos Duques de Veragua ganaderos.
Ganadero desde niño, por el fallecimiento de su padre, Eduardo
Miura, padre de los actuales Eduardo y Antonio, Alonso Moreno o Manuel Aleas
le protegían y formaron. Acompañado siempre de su madre, está empeñado en el
mantenimiento del encaste Veragua al que dedica sus trabajos y desvelos que
intenta mantener con un resultado económico que esté cercano al cero, pues
entiende que la ganadería no es un negocio y el dinero que se gane no debe ser la finalidad de su trabajo sino la consecuencia de su labor.
Sus toros de impecable presentación y vistosa capa repetirán este
26 de abril en la Feria del Aficionado en un formato desafío con los toros de
Reta de casta navarra, lo que le gusta por las reminiscencias históricas de
este enfrentamiento entre toros de encastes casi desaparecidos actualmente,
pero habituales en el lejano siglo XIX, en la época heroica del toreo.
Defiende su criterio ganadero como heredero de un destino,
pues afirma no ver el interés en tener unos toros de encastes que están
presentes en numerosas ganaderías, sino en aportar diferencia y variedad a la
lidia, manteniendo un encaste del que es el único representante.
Como corresponde, no es partidario de las fundas y cree que los toros deben salir a los ruedos tal y como son, que es una manera de defender al toro en su plenitud. Entiende que la suerte de varas es la piedra de toque de la bravura y por eso sus toros se emplean fundamentalmente en el primer tercio, que es donde se demuestra la casta. Rebajar la casta para ganar en previsibilidad es acercarse a la mansedumbre, pues entiende que el descastamiento y la mansedumbre son lo mismo.
La dedicación a la ganadería la mantienen sus hijos, de los
que dice que en algún caso son más integristas y partidarios del espectáculo
del primer tercio que él mismo, lo que parece garantizar la continuidad de su
empeño. Su ganadería da para aproximadamente tres corridas y tres novilladas al
año que acuden a las ferias toristas como Guadalix, Vic Feçensac, Calasparra,
Cenicientos, sin que lidie en Madrid, donde afirma que nunca ha tenido relación
con la empresa, aunque desde el primer momento, les manifestó su interés por
anunciarse en Las Ventas.
En su conversación distendida comentó algunos interesantes entresijos de la célebre corrida de Morante de la Puebla con seis toros suyos en El Puerto de Santa María, que quedan en el recuerdo de la Tertulia. También que la RUCTL, que es un eficaz ente burocrático, no defiende a las ganaderías de casta, pero que él sigue dispuesto a soñar con su ganadería, con defender el honor de la divisa con sus toros bravos o mansos, pero dispuestos a mostrar su casta y dar espectáculo.
Fotos de Andrew Moore










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