El liderazgo combina la capacidad con la autoridad, la iniciativa con la empatía, la decisión con la comprensión. Fernando Reinlein era un líder natural y yo lo sentí, admiré y disfruté como tal.
Le conocí en un
bar, que mejor sitio puede ser, en el que curiosamente conocí antes a su
hermano Guillermo, coronel como le acabarían reconociendo a Fernando y también
perteneciente a la UMD, aunque no pasó por la cárcel militar. Un bar muy
importante para mí y para el grupo de amigos que lo vivimos. El Avión Club que
Carlos Santos noveló posteriormente con mayor acierto que éxito.
Fernando era quien
más hablaba, quien más reía, quien más bebía y quien cuidaba de que todo el
mundo que le rodeaba disfrutara con él. Como todos los de El Avión se apuntó a
los toros, e incluso se buscó una columna diaria durante San Isidro en DIARIO
16, donde era adjunto al director, para justificarse su asistencia a Las
Ventas. Esa columna con el bonito nombre “Desde el 7 con amor” me la traspasó
en el año 1991 y la mantuve hasta el cierre del periódico del que Fernando fue
el último director con la decisión de toda la plantilla.
Su biografía la glosará algún medio de comunicación, sólo quiero rescatar de ella el reconocimiento institucional, demorado hasta 2010, por el Ministerio del Ejército dirigido por Carme Chacón, del papel desempeñado por estos militares durante la Transición y su olvido en las Leyes de Amnistía. Los numerosos momentos disfrutados con él quedan entre mis recuerdos de vida que han ido siendo contados y rememorados en suficientes ocasiones con aquellos que los hemos compartido.
El 14 de abril
pasado celebramos su 80 cumpleaños, una edad que nunca pensamos que llegara a
cumplir de tanto que había castigado a la vida para disfrutarla sin tasa, pero
parece que la magia de los números redondos ocultaba una trampa que le impidió
seguir sumando asombros.
Que la tierra te
sea leve, capi. Gracias por tanto

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