Tiene mucha mejor prensa la queja que la satisfacción, donde va a parar. La queja siempre señala carencias reales, mientras que la satisfacción intenta graduar la valoración por lo que es menos tajante y por tanto más sensible a ser acusada de falta de pureza. En vez de mantenerse en la manida discusión 0-1, es decir lo que no está muy bien es porque está mal, siempre he preferido moverme en la escolar calificación 0-10 que permite ir aprobando con matices, señalar lo que es notable, disfrutar con lo sobresaliente y dejar el suspenso para aquello que denota falta de capacidad y de interés.
Sin meterme en aventuras de valoración
numérica si diré que esta feria de San Isidro ha sido entretenida, casi cada
día ha habido algún interés y nos hemos librado de la maldición de: “Lo único más aburrido que una corrida mala son dos corridas malas seguidas”.
Las corridas de ganaderías interesantes han
cumplido. Bien Escolar con un buen toro, igual que Victorino y Adolfo a quien
ya teníamos casi desahuciado. Interesantes Pedraza y Fuente Ymbro con buen
nivel. Saltillo sorprendió con la aparición de la nobleza tan inusual en ese
hierro y Partido de Resina, aunque los toros perdieran su habitual belleza,
mantuvieron cierto interés que deja esperanzas. La Quinta fue la que defraudó y
en sesión doble.
Las ganaderías de garantía proporcionaron
la habitual garantía de aburrimiento y aún así Juan Pedro no defraudó, ni con
los toros obedientes de las figuras, ni con los cimarrones para la zona media
del escalafón. Victoriano echó su habitual toro bravo con ese exceso empalagoso
de nobleza, aunque nada comparable con la obediencia ovejuna del Cuvillo.
Jandilla lidió el toro que para mí tuvo la mejor mezcla de nobleza y casta y El
Torero, Conde de Mayalde, Alcurrrucén y Montalvo no levantaron bostezos como a
punto estuvo Garcigrande cuya corrida se salvó del suspenso por un sobrero de
Torrealta. El horror habitual corrió a cargo de Puerto de San Lorenzo y
Vellosino, sin que ninguno de los dos representara ninguna sorpresa.
Las novilladas fueron francamente buenas,
destacando la casta de Montealto, pero sin desmerecer Fuente Ymbro, ni Mayalde.
Así pues pocos suspensos, muchos aprobados,
algunos notables y difícil encontrar sobresalientes.
La nómina de toreros con esos nombres
repetidos en todas las ferias, y ¡con éxito de taquilla! es soporífera.
Talavante y Castella con los dos toros más nobles de la feria demostraron su aburrido
oficio, que no hicieron ni Perera, ni Luque, ni Manzanares. Ortega y Aguado son
dos sombras en Madrid, les desborda el toro por bueno que sea. Roca Rey con su
toreo decidido y poderoso debe medirse en Las Ventas con toros más complicados
si quiere que le aprecien, pues la falta de calidad expresiva es un lastre cuando
se le mide como figura.
Urdiales y Morenito que subsisten abriendo
carteles para las figuras demostraron su calidad, Ferrera su ingenio, Román su
decisión y Damián Castaño su entrega, aún con el lastre de la espada y ahí
acaba el listado de toreros notables. Si queremos podemos salvar a Ismael
Martín que se busca la vida en los carteles de banderilleros, como lo hizo
Colombo, pero que pasado el relativo interés de la novedad, si lo vemos dos
veces más nos horrorizará. Víctor Hernández está en lo de apuntar, pero veremos
si llega a disparar. Fortes está en un si es no es, Paco Ureña sufre y nos hace
sufrir y Borja Jiménez se ha metido en un jardín para el que no parece tener
capacidad.
El resto está por debajo de la nota mínima. Ni los veteranos De Justo y Escribano, ni los emergentes Rufo, Adrián, Galván y De Miranda, ni los de las corridas duras Leal, De Castilla, Moral, Fonseca, Gómez del Pilar que es quien parece que tenía capacidad de dar un salto, ni los recientes Jarocho, Diosleguarde, Navalón o Clemente cogido de mala manera, parecen capaces de mejorar nota en la repesca. Veremos, que esto no es un oráculo, sino una impresión.
Falta para el final lo mejor, la renovación
del público. Público joven, con la edad media en los tendidos más baja desde
que asisto a Las Ventas hace casi 50 años, que aplaude o protesta con mayor o
peor criterio, como por otra parte hacemos los veteranos y que aporta un plus con
nuevas vivencias e intereses. El futuro pasa por ellos.
Ese futuro para el que las protestas y
aplausos en la suerte de varas son magníficas señales. Dar la importancia que
la pelea en el peto tiene para el crecimiento de la bravura, es la mejor señal
para la supervivencia de las corridas de toros. Enhorabuena a quienes han
peleado por ello.
Me permito señalar algunas cuestiones a solucionar, que todos sabemos:
Es insufrible el tiempo con la muleta. No
se puede estar probando y probando, con esos animalitos que no aprenden y permiten
a los toreros intentar sacar unos pases que ni mejoran la embestida del toro, ni
anulan el sopor de los espectadores. Los toros son demasiado nobles y permiten
que las faenas se alarguen, el tiempo de las corridas se prolongue por encima
de las dos horas y media, los tiempos muertos se sucedan y el espectáculo
empeore en la medida en que el tiempo pasa. Ya se sabe la fórmula: “pronto y en
la mano” y lo que no sea así, es marear la perdiz sin beneficio para nadie.
La espada, el descabello y la puntilla. Se
mata mal y eso es más o menos habitual, los buenos espadas siempre han sido
escasos igual que los públicos han sido benevolentes hacia los bajonazos, pero
no saber descabellar y llevar un puntillero que necesita varios intentos para acertar
es bastante penoso, incluso es cruel, gratuitamente cruel. Alguien tendría que
pensar en ello.
Fotografías de Andrew Moore tomadas de Salmonetes ya no nos quedan



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