La plaza de toros La México llena de público es toda una experiencia. Aficionados y espectadores juntos en los verticales tendidos, con los pasillos recorridos por docenas de personas que ofrecen bebida, aperitivos que allí llaman botanas, patatas fritas esturreadas o no de salsa, recuerdos, todo en grandes canastas que viajan en sus manos, brazos o incluso cabeza, con la salvedad de que el maremágnum solo es entre toro y toro, esa buena costumbre que en Las Ventas ya se ha perdido hace tiempo (y tenemos que aguantar el paso incesante de camareros que distribuyen las bebidas como si estuvieran en un bar, sin respeto de la lidia) Una vieja imagen en la plaza México, que apenas ha cambiado con los años El comportamiento es apasionado, ruidoso, exuberante, sin freno, se aplaude, se grita, se jalea sin descanso ni apenas tregua, mientras que desde las alturas suena aleatoriamente un grito multitudinario diciendo “Porra de sol” o “Porra de alcohol” sin que haya sido capaz d...